enredados en las sábanas,
donde nos besábamos bien lento.
sentir como entrabas, embriagándome con tu sexo, buscando el éxtasis de un orgasmo que provocó mis jadeos.
Entrabas una y otra vez,
haciéndome enloquecer, con la firmeza que sin freno, despertó mis anhelos, y mojó mi latiente fruto, que siempre aguardó hambriento.