Qué sería sin ti la flor desterrada de un jardín que en una orilla habita con encanto inadvertido por gente indiferente que viendo pasa y nada ve.
Sin ti que sería de la piedra desnuda y fría sin tu voz de musgo que la abriga y que en muro o tapia al camino protege y guarda.
Qué sería sin tu lapidaria palabra de barro y paja que la asienta, la anida y no la rompe ni la raja,
Qué sería sin ti, sólo son tus dedos los que tocan el duro cobre como pétalos de flores, el agua mineral como el fuego del hogar, al niño su cabello como la hierba y el heno, la tela y la lana como espinas de una zarza.
Es tu cara la que toca al aire su tristeza y en tus oídos te provoca el dolor amargo de una pena.
Detrás de tus ojos de embeleso guardas el mágico secreto de la oruga y la seda, de la grulla con la niebla, de la hormiga voladora que del cielo se enamora, del agua negra que subterránea se condena, del impulso eléctrico donde late un corazón.
Poeta, ésta noche esparce de sus manos un espeso rocío en los tejados y cada gota que resbala y cuelga es un verso que en tu boca tiembla y cae empapando las aceras como si fuese en suelta tierra donde se baña el peso de mi alma y una golondrina bebe y canta tu poema que a la aurora invoca con tiernas rosas y amapolas.