Generalmente me gusta caminar bajo tu complejidad e intentar comprenderla en el camino. Amo tus días soleados cuando me bañas con tu cálida luz; me emociona descubrir tanta pasión, tanta ternura, tanto de ti. También amo tus días pálidos, esos que se transforman en tardes rosas y naranjas; me siento muy agradecida pues te muestras sensible y vulnerable. Pero cuando me cubres con tu negrura, me confundes y no puedo descifrar nada. Solo tanteo el camino dando pasos lentos y vacilantes, uno a la vez; quizás podría caer en un abismo difícil de escalar para volver a nuestro camino.
No hagas que moje mi rostro, no lluevas sobre mis emociones encendidas.
Lentamente las brasas se apagan, el agua y el viento frío las devoran. Aunque no pierdo las esperanzas, pues el clima puede cambiar. Por eso, me muevo entre la niebla. Como un detective voy siguiendo pistas, recolectando testimonios sin rostro, solo para entender cómo aclararte.
Aún no puedo creer cómo una noche puede cambiar tu cielo. Esa inmensidad que anhelo cada vez que cierro los ojos, esos colores que me hacen delirar y ese calor que me llena el pecho, impulsando mis pasos. En base a la tonalidad de azul y la forma de las nubes planifico mi travesía, incluso con paradas obligadas para observarte. También invento otras paradas para retratarte de cualquier forma posible: con trazos finos para los días delicados y gruesos para los pomposos. Rayas de colores en mi libreta (o en la computadora), letras estrujadas en mis cuadernos (para las paradas improvisadas) y una galería de fotos estilo reportaje en mi celular, todo eso lo ocupas tú. Te doy una parte conveniente de mis pensamientos para que también participes.
Incluso esto:
Mi ánimo de hoy
PD: