Y me pregunto, ¿acaso mis letras se ponen en mi contra con mi alma en tus oídos? ¿Y en mi amor silencioso pierdo el paso en que lloré tu adiós?
Creo que no tiene que existir un perdón a tanta prisa y tanta ilusión con o sin sentido a la ardiente llaga, sangre de mis gritos, oscuro delatador de mi dolor.
Pero tal vez, cuando ya cuando termine de digerir el placer de nuestros pecados, terminarás de levantar tu vuelo que con tu dulce voz cubrías la desnudez radiante de mi emoción, y secretamente abrasarás el alma lejana de este poeta.
¿Y qué haré yo cuando mi último beso quiera irse con tu cabello al aire? ¿Cuándo el último sentido de mi cuerpo no quiera despedirse de tu piel, y me sonrías en silencio, y te marches lentamente?
¿Cuándo ya te vea lejos y lo último de mí, se frene un instante, y haga gestos con la mano para que vuelvas rápido, y se pierda entre la niebla tu despedida...?
Y me respondo, despidiéndome con los dientes rotos y la mirada al cielo, obligando a mis labios a no llorar porque tienen que dejar de pensar por un tiempo en tus hoyuelos...
En lo que fue el tiempo que no pasó mientras estuvimos juntos, en la piel que se incendió a cada toque de los dedos y en cada espacio de las caricias.
Seré una sombra en la oscuridad que deja el abandono y me transformaré en el olvido y la nada.