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Fuiste alborada en tiempos difíciles, fuente inagotable de deseable cariño que rebosada de encantos planeabas entregarme sin prejuicios sociales como la ternura de un niño.
Delicada, elegante, princesa de un río de amores, ingenua de los morbosos detalles que solo conoce al andar el camino de manos del amante llamado sinuoso destino.
Fui tu epicentro de tormentosos afanes repletos de orquídeas en besos de altares, tu diestra posada en el izquierdo de mi pecho.
Juraste un día amarme más allá del tiempo. Mas no sabía que al entregarte tu padre cambiarías el velo por el amargo litigio, el velo suave de níveas promesas retorcidas al arte de la mezquina indiferencia.
Inquina tus labios la malevolencia risa de haber estrujado hacia tus logros ocultos, la tragedia del hombre que aun ama tu nombre guardado con celo en el mar de la esperanza lisia.
Como traer de vuelta aquella alborada, el cariño, la ternura y el río de amores, si la princesa ha muerto por mi pecado en otrote. Como traerla de vuelta si no ha perdonado nada.
Y aun así eres la que quiero conmigo, la que juega con mi destino, con el amor que ofrezco, la que ignora mi presencia en estas cuatros paredes.
Yo siendo tu fantasma anhelo tus caricias verdes. Más que hago en tu mundo que armaste con armonía si no me amas con la ilusión de aquellos días.
Soy un desconocido después de haber sido lo querido, la piltrafa que rasguña en la necedad de un cariño.
Como dar vuelta y a la espalda dejar tú nombre, echar tierra a la equivocación de tomarte, buscar nuevos cielos en brazos distintos a los tuyos, borrar tu aliento y con él la hiel de tus murmullos.
Pero no sé prohibirme sentir adhesión por ti. Eres la condena en el abismo de mis años. Solo cuando quieras podrás ver que existo. Buscando en la quimera como traerte de vuelta.