Todo es insípido, como si perdiera el sentir de la comida y el hambre fuera el mejor de mis placeres.
Mi pensamientos solo llegan a que debo seguir avanzando, arrastrándome entre estas extrañas personas quien una vez llamamos amos y creadores.
La luces me golpean una y otra vez, gritándome que debo salir y debo comer. "¿Como saldré si no me siento igual?". Llevo esperando algo nuevo desde que llegue aquí y mis vendas se sienten tan apretadas y tan suaves.
Esta hambre constante no se detiene, pero no me siento mal ni siquiera dolores pero esos gritos tampoco han cesado desde que alguien grito "¡Comida!".