Entré en aquella habitación, y entre rayones y garabatos casi indescifrables en sus paredes, solo unas líneas eran legibles…
-Te fui queriendo, lo sabes.
Lentamente, con cautela y recelo.
Extasiado en el deseo de tomarte, aprisionarte con mi amor por siempre errante. Así mismo con el temor de perderte en la cercanía.
Que locura ¿cómo es que llegaste a este pensamiento?
Hace tan solo unos segundos apenas que te he dejado en otro recuerdo.
En ocasiones me horroriza pensarte.
Ya me he descubierto a veces, dándole voz a las paredes por platicar contigo.
¡Qué locura! Solo existe una respuesta en mi lógica, le venciste o le has vuelto tu aliado al tiempo, ¡y mira ahora mi derrotada cordura!
Te he querido, lo sabes. Siempre en el instante del ahora.
No dije, ni he dicho: te querré por siempre.
No hay futuro, si apenas termina de ser dicha la frase y ya se ha vuelto historia.
¡Qué locura! Amarte y temerte al mismo tiempo. Darle tu voz a todas las cosas, tu perfume a cualquier aroma. Sonreírle a las sombras que desde un rincón esperan el momento de invadirme.
Te quiero, es lo único que resuena en mi mente o lo que sobresale a cualquier murmullo, como el repicar de las manecillas al ir saludando las horas
Te quise, me fue devorando la calma tu amor inasequible. Guerrero vencido, me arrodilló el peso de tu olvido como lápidas en mis hombros.
Te quiero, te quise, cada versión de mi lo ha hecho.
El yo que reía, el que soñaba, el que se enfrasco en lucha contra lo inmutable de tu amor, hoy de cada uno de ellos yacen solo recuerdos.
… borré todo, salí pensativo. No debían volver aquellos días.