No me acerques tanto la flama, para que no quemes con tu luz mis ojos muertos.
No digas una sola palabra, deja que hable el silencio que como un grito se expanda, rompa el velo de mis pulmones, destierre a mi propio averno.
Hoy se citaron mis pesadillas para desvelar mis sueños, con sorna y saña inaudita aplicaron en mi sus tormentos:
Unos hijos que no me quieren, la miseria al extremo, el desprecio de mis hermanos, un guiñapo al viento, mis versos olvidados, mis penas devorándose todo lo que tengo.
Despierto insomne, una vela agoniza por el tiempo, una marcha en el mar no deja huellas y sin huellas no hay sepelio.
Otros ven mi sonrisa ocultando lo que siento, valioso no lo sé todavía, no sé si el oropel o mi espíritu que embellece lo que soy y errante estoy clamando a mi destino, exorcizando demonios, remendando desatinos.
No acerques más esa lámpara, no es que no te comprenda, es que ha estado demasiado largas mis noches y por más que quiera no siento el calor del horizonte, la redención que nunca llega, tengo miedo de fallar, miro al abismo y sé que me observa, me miro a mi mismo, y el espejo,