Se me cerraron los ojos, y el llanto se quedó perdido adentro, y empapa todo mi ser interior, duele más, que sentir las lágrimas caer por las mejillas.
Es verdad, era un adiós, pero yo guardaba la esperanza de que no lo fuera y que regresarías, pero no, se mezcló el amor con un orgullo despiadado, que te hace llorar a escondidas.
Una maldita despedida que aún maltrata mi adormecido esperar verte entrar por esa puerta,
fue tan fácil para ti poder marcharte, y nunca más ya volver a atrás ni una mirada; y la rosa que corté para tratar de convencerte de volver, aún permanece marchita en mi mano, y marchita también mi alma... Te quedaste en mi clavada, igual que una daga que nadie puede sacar.
Sí...vives recorriendo mi existencia navegando en los torrentes de mis venas, como el peor de los venenos, cuando pasas navegando en mi cabeza, te apareces frente a mi bella y deliciosa, ahora ajena; y cuando pasas tu barca por el centro de mi corazón, me pierdo entre horrores y es cuando quiero llorar, y recorres con tus remos mis manos que tiemblan porque es cuando añoro acariciar tu hermosura...pero ya no estás...me dejaste moribundo y muero.
Acaso piensas que esto que me queda después de tu partida, ¿se puede llamar vida?
Empiezo a odiar respirar, porque cada vez que exhalo, lo que brota es un suspiro con tu nombre; y mucho menos dormir, porque vienes en mis sueños y te metes en mi cama, y me dices que no te irás más, sabes...a veces me pregunto si de verdad aquel día solo fue una despedida o más bien fue que me morí en tus brazos y por eso no me sueltas.
Y sí....talvez te burles de mi.... Pero hoy... mis lágrimas mojaron mis mejillas.