Un hombre ciego se encontraba visitando a unos amigos. Al caer la noche, cuando se despidió de ellos y estaba dispuesto a partir, le dieron una lampara para que iluminara su camino. El hombre invidente les respondió: " Muchas gracias, pero no la necesito, ya que no importa si estoy en la oscuridad o en la luz. Todo es igual para mi". Ellos le respondieron: " Tienes razón, pero de todas formas, llévala para que ilumine tu camino y así nadie tropiece contigo".
Agradecido, partió y, a los pocos minutos, alguien se estrello contra el. Asombrado, exclamo: "¿Que es lo que pasa? ¿Acaso no te das cuenta por donde caminas? ¿ No has visto que traigo una lampara? ". aquella persona le contesto: " Lo siento mucho, mi querido amigo, pero no te vi, porque la luz de tu lampara esta apagada".
Así mismo son las creencias que nosotros fielmente seguimos. Creemos que ellas son nuestra única verdad, y las seguimos a como de lugar, sin importar que nos causen daño o sufrimiento. Creemos ir con la lampara encendida, iluminando muestro camino, cuando en realidad la tenemos apagada y vamos inconscientes por la vida. Actuamos como si estuviéramos piloto automático, simplemente haciendo lo que la sociedad dice que esta bien.
Cuantas veces creemos que esas creencias son la gran verdad, pero en realidad nuestros ojos y entendimiento están ciegos, pues no queremos despertar nuestra consciencia y seguimos actuando inconscientemente.