¿Nunca les ha pasado que vienen de cierto lugar, cansados por el trabajo, o por los estudios, y se encuentran en el sitio menos esperado a una persona que les sube el ánimo?
A mí me pasó justo ayer.
Venía del curso de dibujo, (había finalizado un buho que subiré en cuanto pueda), y en el Metro de Caracas me encontré con una señora que apenas me vio inició conversación conmigo. Comenzamos hablando sobre el ticket del metro y terminamos en el tema de la universidad y los estudios. Me animó en mis inquietudes con respecto a las carreras que quiero estudiar, me habló sobre ella y su familia, lo mucho que la quería, entre otros temas. Me atrevo a decir que fueron los mejores diez minutos de mi día.
Es muy poco común encontrar actualmente a personas de buen humor, pues como no es un secreto para nadie, la situación económica del país ha mantenido el ánimo del Venezolano por los suelos. En los vagones reina un ambiente tenso, se ven las caras de preocupación por la comida, de agotamiento por saber que trabajas y no te alcanza para comer, la tristeza de las personas que sufren una pérdida o de quienes se van del país en busca de algo mejor. A eso se le puede agregar las fallas en el mantenimiento de los trenes, que hacen que el viaje sea insoportable.
Fue realmente muy agradable entrar el día de ayer al vagón y sentir tal ánimo en una señora que no llegaba a los cincuenta años. Tenía una frescura que inclusive hizo sonreír a varios chicos que nos rodeaban. Era más alta que yo y llevaba sus labios pintados de rojo. Lo que más me maravilló de esa persona fue su positivismo, ¿cómo no alegrarse? Me recordó un poco a mi, pues siempre intento ver lo positivo de una situación por muy mala que parezca.
Bueno, por nada dice el dicho, “A mal tiempo buena cara”
No tuve tiempo de preguntarle por su nombre u obtener su número telefónico, no hubo presentaciones formales ni silencios incómodos. Fueron diez minutos seguidos de conversación en la que cada una intervenía sin interrumpir a la otra. El respeto siempre estuvo por delante, haciendo incluso más ameno el momento. Al llegar a mi estación me despedí muy animada. La señora se quedaba tres estaciones después, así que nuestra fugaz amistad terminaba con una sonrisa.
Antes de salir ella me dijo: Seguro nos encontraremos de nuevo.
Y para serles sincera… Es algo que estoy esperando.