Vitamina E, Protectora de la piel seca: es un poderoso antioxidante que, gracias a que es soluble en la grasa, puede protegerla de la oxidación para que la piel conserve su humectación natural; además, sirve para proteger las membranas celulares.
Vitamina A, reductora de arrugas: esencial para la buena visión y el desarrollo de los huesos, anteriormente se recetaba oralmente para el tratamiento del acné. Luego se descubrió que tenía muchos efectos secundarios, por lo que ahora se recomienda su uso sólo como tópico, pues son conocidos sus beneficios en la síntesis del colágeno.
Vitamina C, luchadora contra radicales libres; lamentablemente, ingerida oralmente, el cuerpo no absorbe una cantidad suficiente de ésta como para ofrecer beneficios estéticos adicionales, por lo que se recomienda su uso tópico en distintas presentaciones. Sin embargo, es esencial para fortalecer el sistema inmunológico, el crecimiento de los tejidos, la formación de colágenos, la curación de heridas y el mantenimiento de los huesos, dientes encías.
Vitamina K, reductora de círculos oscuros: utilizada de forma tópica, puede controlar la coagulación de la sangre (al igual que como si se tomara de forma oral), disminuir la apariencia de las várices y las ojeras y contribuir con la desaparición de los hematomas postoperatorios. Si se ingiere en alimentos o como suplemento, juega un papel fundamental en el funcionamiento de los riñones y en el crecimiento de los huesos.
Vitamina B3, promotora de la hidratación: si se aplica de forma externa, puede ayudar a reducir la rosácea, los daños producidos por el sol y algunas lesiones precancerígenas porque ayuda a la piel a mantener la humedad, estimulando la producción de ácidos grasos y ceramidas. Internamente, es necesaria para el correcto metabolismo de las proteínas y las grasas y también fortifica el sistema digestivo.