El desván es un espacio para sentarse a leer mis historias, poemas, reflexiones y otras manifestaciones literarias, donde la realidad y la ficción se entrelazan dándole a la vida esa magia de lo indecible. Un lugar para soñar, reír, llorar, transportarnos a mundos, cercanos y lejanos, embarcados en la nave más rápida que se haya inventado: la imaginación.
El duelo
El pueblo parecía tranquilo y de hecho los acontecimientos recientes solo aseguraban esa paz envolvente que arrullaba las mañanas y hacía de los fines de semana un alto para la diversión.
La cotidianidad había ido amainando los impulsos y la comunidad ya parecía olvidar el alboroto de otras épocas y los enfrentamientos mortales que hicieron de las calles un jolgorio de gritos y de las casas un escudo ante la incertidumbre de la vida.
Por esa razón cuando el veterano ex párroco, en sus años de calma, buscando revivir esas andanzas juveniles que le ganaron respeto, lanzó el reto a muerte al también veterano pistolero, el pueblo como un polvorín explotó ante las ansias y la curiosidad por adivinar, los parcos motivos, que pudieron llevar a esos extremos, a dos de sus habitantes.
Como la mina que reabre sus puertas tras años de inactividad, los ánimos se fueron exacerbando y las respuestas tajantes del retado auguraron un choco de trenes imposible de detener.
Isamo y Joe, como penetrando en un túnel de tiempo, desempolvaron sus armas, tomaron por asalto los terrenos despejados para engrasar sus maquinarias corporales y fueron llenando de pólvora los olores de las calles, impregnándoles incertidumbre y obligando a las personas a tomar partido en alguno de los bandos.
Las leyes locales, sin previsión ante esta nueva figura, intentando ser más veloces que los hechos que se aproximaban, dictó un edicto de reglas que no consiguieron la mediación para retardar el enfrentamiento.
El viejo párroco gozaba del apoyo de casi todas las damas que por años visitaron su confesionario, posiblemente alarmadas ante la posible pérdida del depositario de sus secretos, mientras que el pistolero que había colgado las fundas y las armas y cambiado las balas por poesías, conseguía el respaldo de los extranjeros y de los viejos amigos.
La cuenta regresiva corría vertiginosamente con los días, solo 7 eran el preámbulo a la lucha y solo en 3 el pueblo fue insuficiente ante la avalancha de curiosos que pronosticaban sangre.
Fueron días de abusos, intromisiones y violación sistemática del orden.
Reaparecieron los timadores profesionales y los retadores que pensaban hacer cola para lograr protagonismos.
Cuando la hora 0 llegó, el viejo zorro intentó algunas escaramuzas que no lograron el cometido y recibió del Joe una andanada de golpes que lo lanzaron al piso, ante los gritos de los espectadores para que diera muerte a su rival, promesa hecha de antemano por el poeta.
Pero el duelo disponía de varias etapas, y la primera era el cuerpo a cuerpo, con la utilización solo de las manos, que perjudicaba sin dudas al párroco, que salió bien librado con algunos aporreos.
Los ánimos parecían estar por encima de las realidades y un buen número de personas en vez de aplaudir comenzaron a abuchear a los contrincantes, quienes hurgaban buscando darle forma a un duelo que aun carecía de condiciones y que era llevado más por honor que por las verdaderas faltas.
El segundo día fue diferente y el repotenciado Isamo, logró dominar los embates del rival, llevándolo al terreno apropiado para sus fines y aunque al final de la tarde las respuestas fueron contundentes, el desatado ímpetu de las hordas espectadoras ante el pedido de sangre, aun no consumado, parecieron ser la excusa para que los contrincantes, por iniciativa de Joe se plantearan un balance y una tregua
Se desató entonces lo inesperado, la violencia externa parecía amenazar con desbordar el río y la ley en una jugada temeraria, suspendió el acto, acusando a los duelistas con cargos inapelables que los llevaron a un juicio popular y a una sentencia que han tenido que pagar.
Los más radicales quedaron ofendidos y los han amenazado con represalias.
Los pacíficos, han dado gracias a Dios porque las cosas no pasaron de un susto y han llenado de flores y artefactos el nicho del patrón de la iglesia por el favor recibido.
Mientras que los más comedidos están convencidos que todo fue un fraude, donde ambos oscuros personajes lograron beneficios económicos.
Lo cierto es que el duelo sirvió para desempolvar algunas cosas que muchos querían mantener escondidas.
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