En otra oportunidad, hace mucho tiempo, lo vi dándole una paliza a un estudiante en una manifestación.
En Venezuela a los manifestantes por la situación política del país les dio por hacer trancas, yo nunca estuve de acuerdo con eso, les voy a graficar cómo es el asunto: a una población tiene tiempo que no llega el agua, entonces la gente tranca la avenida principal y no se le permite el tránsito a ningún vehículo hasta que no lleguen las autoridades y le reintegren en el servicio de agua.
Yo venía con mi mamá, una anciana de más de 80 años, iba para el hospital, porque ella no se sentía muy bien, me detuvo la turba frente al semáforo, y no me dejaron pasar, rápidamente se comenzó a formar la cola detrás de mí.
Me bajé de mi vehículo para explicarles lo delicado de mi situación.
No pude llegar hasta los estudiantes, me salió "el bravucón al paso":
-No gastes saliva -me dijo blandiendo un bate -no pasas,y más nada.
Si alguna adversión tenía yo hacia ese cretino, ese día se elevó al infinito.
No lo volví a ver por mucho tiempo, pero un poco antes de venirme de Cumaná, quedé de verme en el centro de la ciudad con el escritor Rubi Guerra, lo esperaba cerca de un centro comercial donde nosotros acostumbramos tomar café, cuando una algarabía llamó mi atención, los gritos y la gestualidad de las personas me hicieron ver rápidamente que era una pelea; y allí estaba el bravucón, que aunque ahora tenía más de 50 años, y no estaba armado, intimidada con su físico imponente, la pelea era con un hombre pequeño, un negrito de pelo liso que se veía muy fuerte.
-No te equivoques conmigo.
A mí no me gustan las peleas, porque me ponen sumamente nervioso, prácticamente nunca he peleado con nadie, pero he separado muchísima peleas.
Yo no le veía ninguna oportunidad al negrito con el bravucón, pero cuán equivocado estaba, en cuestión de segundos la cara de los bravucón estaba bañada en sangre, la herida más grande la tenía en el arco superciliar izquierdo.
Cumaná es una tierra de grandes boxeadores, campeones mundiales y olímpicos, es posible que este negrito haya sido un boxeador, porque lo estaba destrozando.
Parece que todo el mundo odiaba al bravucón, porque la gente gritaba:
-Dale, dale, mátalo.
-Déjalo grité -y el negrito se detuvo.
Todo el mundo hizo silencio.
Es posible que aún las canas causen respeto.
Tomé al bravucón de la mano muy mareado, y lo fui alejando del bullicio.
Cuando nos vieron alejándonos escuché que la gente gritaba:
-Lo jodieron, lo jodieron.
Compré alcohol, agua oxigenada y algodón y lo curé.
Al principio estaba tan débil que no dijo nada, pero luego se fue recuperando y me preguntó:
-¿Quién es usted?, no recuerdo haberlo visto.
Era una voz casi infantil, me recordó la voz de esos estudiantes de la escuela, que estaban frente a la directora luego de haberse agarrado con otro estudiante.
No nos conocemos le dije.
-¿Por qué me ayudó? -me preguntó, poniéndose de pie.
-Por nada -le dije -no te preocupes.
Me vine sin despedirme, volteé para verlo, me pareció que estaba llorando.