Buscando sombra

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Hasta la semana pasada había llovido casi todos los días, unas nubes gordas y oscuras nacían hacia los cerros más altos desde muy temprano, y mucho antes del mediodía caían las primeras gotas, casi siempre hermanadas con la brisa; el vaporón se alborotaba, pero luego la lluvia caía en serio, el viento hacía crispar los techos, y el mundo de la casa se refrescaba.

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Pero ya hace 15 días que no llueve, el termómetro asusta, habla de grados centígrados infernales, no hay un espacio en la casa que sea agradable, donde me pueda sentar a escribir.

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Me asomé a la calle y las refracciones de luz fueron sables de fuego en mis ojos; vi pasar algunos vecinos con botellones vacíos, buscando inútilmente un sitio donde comprar agua.

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Los perros se escondían debajo de los vehículos, jadeando, con sus lenguas colgando como rollos de tela.

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Si hubiera gasolina, me fuera directo a la playa pensé, pero no hay gasolina ni transporte colectivo, y la recomendación es de que uno se quede en casa como un morrocoy.

Recordé aquel pensamiento que dice: "A menudo el hombre busca muy lejos lo que tiene muy cerca".

Comencé entonces a buscar en la casa un sitio fresco, jugando al terco que no se rinde; fue así como descubrí un sitio que había pasado desapercibido ante mis ojos, la sombra de una mata de de plátano, que hasta hace muy poco estaba pequeñita, pero que ahora abría sus jurásicos brazos, y hacía el milagro de crear una temperatura agradable.

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Me sembré debajo de la mata de plátano, dispuesto a quedarme allí para siempre, echar raíces, cualquier cosa, menos morir de calor en el verano carupanero.

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Todas las fotos son propias.

Buscando sombra | Ecency