Decreto de guerra. El último velorio.3bis

Words
1494
Reading
7 min
Listen
Play
8y

image.png


La tragedia olvidada de Mosul

3

El cadáver es entregado a las 5 de la tarde. El carro fúnebre vino a llevárselo a donde será preparado y velado. Yubileisy fue a la funeraria y escogió una urna de caoba, al natural, con acabados de lujo, lo cual contrasta con la vida y muerte de quien morará en ella para siempre. Una vez que termina los trámites, va a casa donde agarra plata y las tarjetas de las cuentas que le abrió a su hermano y se lleva a su madre a cenar. Van a un restaurant bonito y tranquilo, en la avenida Bermúdez de comida china. La noche será larga, pero tranquila. Sienten, ambas mujeres que han llorado bastante, se sienten algo aliviadas, al menos Miguel tendrá un pacífico descanso eterno. — él irá al infierno, hizo mucho mal. Ay Dios mío, hija! —dice la madre, con dolor. Terminan de comer y pagan, se retiran y paran un taxi que las deja en la funeraria Renacer, que tiene un slogan que dice “se compromete y cumple”, ubicada detrás del teatro de la ópera. Ya hay algunas personas, amigos cercanos y familiares que se han enterado. Todos se abrazan y comparten la pena. Entran, aunque aún no está listo el velorio, todavía preparan al cadáver. Beben café, hablan de sus vidas y comentan la del Petete. Aquel velorio se convierte en una reunión de seres queridos que de otra manera no se hubieran encontrado. Pero afuera, es otra cosa. Muchos conocidos del Petete, delincuentes y amigos, comienzan a llegar. Ponen salsa brava y vieja. Suenan títulos como “Pedro Navaja”, “Juanito Alimaña”, “Nadie es eterno” y “Las tumbas”. Hay mucha caña, la gente bebe ron, aguardiente, anís y canelita. Al contrario de la capilla; en la calle, el ambiente es festivo. Al fin, el féretro llega y es instalado en la capilla. Allí se acercan todos y un cura da una breve misa mortuoria. Comienzan a ver al muerto, pero ni la madre ni la hermana lo hacen. Mileidy Salas llega. Ella era la novia del Petete, no vive en Campo Alegre sino en 23 de enero, lo cual produjo, en más de una oportunidad, altercado con la gente de la zona. Ella se ganó su puesto con la familia y se abrazan y lloran. Cuando ve a su novio fallecido, se desmaya. Ya el número de personas presentes en el funeral es el que estimaron los familiares. Unas 30 personas. Pero en la calle, hay un triple, quizá 100. Varios carros tienen puesta música a todo volumen. La gente anda fumando, bebiendo y hasta consumiendo drogas. Parece más una parranda que un funeral, pero para los delincuentes, así se despiden de sus panas. En moto llega Bebeto, quien es el causa del Petete. Para él no sólo es una trágica pérdida, también ya no contará con su socio, que consideraba su hermano. Comienza hablar con la gente. Bebe y se fuma varios cigarrillos. Pasa y comienza a saludar a algunos de los presentes, quienes se muestran un poco reacios a su presencia. Es la hermana quien lo rechaza: — mira, ¿tú eres loco o qué? ¿Tú no respetas? ¡Ponte las pilas o vas a terminar como mi hermano! —le dice, entonces, un agente de seguridad le dice que no es conveniente que esté allí, que la familia está dolida y que es mejor que salga. Ese empleado sabe lo que hace, pues le habla con mucho tacto y discreción y sobre todo, respeto. También, ya ha lidiado antes con ese tipo de situaciones. El delincuente entiende que su presencia implica cierta molestia para los dolientes y entonces se retira; pero se queda afuera de la funeraria. Él estará allí hasta que entierren a su amigo. Los delincuentes siguen llegando. Ya hablan de agarrar la plaza del Petete, pero todos saben que habrá problemas porque el Bebeto es quien la agarrará. Pero el plan conspirativo está en marcha. Sin embargo, los que piensan en eso, saben que no es momento para andar con tales ideas. Además, eso no se habla en público, porque habrá problemas. Por lo pronto, siguen con su bebedera. La licorería que está en diagonal a la funeraria va a trabajar hasta tarde. Saben que están enterrando a un malandro y cuando eso pasa hay buenas ventas. Sólo hay dos problemas: son delincuentes y hay que estar bien alertas, cuidándose de un robo o secuestro y además, siempre hay problemas con esos funerales, por lo que deberá cerrar tan pronto como la policía haga acto de presencia. Pero mientras no pasa nada, él sigue vendiendo y la gente sigue comprando: anís El mono, ron Superior, aguardiente San Thomé son las bebidas más solicitadas, aunque también circula mucha cerveza, Solera verde, Solera light, Brahma Light. Claro, también no falta ese compañero inseparable de la bebida: el cigarrillo, Belmont, Marlboro, Astor, Viceroy y Cónsul. Ese negocio está haciendo plata esta noche. Ya hay gente que los tragos le están afectando. Uno que otro que comienza a decir cosas. — en esta mierda hay que matar a todo aquel que se ponga cómico —y cuando Tribilín, malandro que acaba de decir esto, termina su frase, saca la pistola y echa dos tiros al aire. Otro delincuente, llamado Pedro Infante, dice: — hay que cocer a plomo a todos esos policías sapos —y echa otros dos tiros. La gente se ríe y todos celebran esas palabras. Para el dueño del negocio, está claro. Habrá problemas. Adentro de la funeraria, ya se sabe que afuera están disparando. Lo peor es que ya se lo esperaban. — es típico de cuando matan a un malandro. Siempre se ponen a disparar, eso que es tan peligroso, ¡esto parece el lejano oeste! —dice el señor Manrique, amigo de la familia y que bastante aconsejó a Miguel. — yo quiero que ellos se vayan. No me interesa. Quiero velar y enterrar a mi hijo decentemente; no como un criminal. ¡Haz que se vayan mija, no soporto esa música, no quiero escuchar tiros! —y se pone a llorar. Yubileisy sale, acompañada de unos primos y dos amigos. Encuentran a Bebeto y de una vez le dice: — mira, dile a la gente que se vaya. No queremos nada de música, ni bebedera ni tiros. Váyanse a otra parte. ¡Queremos velarlo en paz, coño! —y se pone a llorar. — bueno, mami, tú sabes cómo es; así es como uno se despide de su convive y…—y en eso ella lo sorprende dándole una cachetada y le dice: —mi hermano fue malandro, es verdad, pero quiero enterrarlo con dignidad. Si ustedes se quieren despedir así; ese es problema de ustedes, pero a nosotros nos respetan, ¡así que váyanse! —y se da media vuelta y se retiran. Jefferson Molina se queda hablando con Bebeto, quien está sorprendido ante la acción de la mujer. Todo el mundo hace comentarios al respecto. — esa mujer es arrecha —dice, mientras se sonríe. Jefferson le dice que la disculpe, pero ella ahorita está dolida y bueno, es una falta de respeto la manera en como ellos están despidiéndose del difunto. Bebeto acepta esas razones, pero le dice: — marico, van a tener que llamar a la poli. Yo les puedo decir; pero muchos no se irán, capaz y se terminan amotinando. —Jefferson sabía que eso era verdad. Así que se limitó a ver si con la partida de Bebeto, el resto se largaría también. Entró nuevamente a la capilla y les contó a todos que hablaron y ya se comienzan a ir. Hay varias caras de alivio, no solo por la molestia de ese bochinche que tenían afuera, sino porque muchas veces en esos velorios hay enfrentamientos entre bandas. Pasa un rato y la cosa amaina. El señor Rojas, un vecino, se asoma y confirma que muchos se han ido; pero queda todavía bastante gente. La cosa es que los que están tienen tremendo bochinche armado, lo cual puede hacer creer que la cosa, en vez de mejorar, empeora. La gota que rebosa el vaso: suenan dos tiros más. — ya está, se acabó. Mija, llama a la policía, a los militares. ¡Yo no me voy a calar esta mierda! —dice la madre, muy resuelta y firme en su idea de defender la dignidad que le queda a su hijo, quiere respeto y punto. La hija también se identifica con la idea y los asistentes también. — no los dejaremos pasar. Por culpa de esos malandros estamos aquí —dice un amigo del Petete, que siempre trató de llevarlo al buen camino. La llamada la atienden en el comando policial. Pasan el reporte para las unidades de la zona. De casualidad, Adamez anda con dos agentes y es uno que responde al llamado. Sabe que en estos casos se necesita fuerte presencia policial para controlar la situación y de paso evitar que haya caídos. Lo que no sabe es que ese es el velorio del Petete, el malandro que eliminó hace horas.
Decreto de guerra. El último velorio.3bis | Ecency