
Como diría mi abuela: "Maldigo la manía de andar leyendo libros de adultos. Maldigo haber leído ese poema". No había terminado de cerrar el libro y ya él estaba ahí. Ahora estamos juntos en mi cuarto. Estamos solos, y no me deja salir ni a orinar. Mami no escucha mis gritos. Estoy a oscuras y tengo miedo. El monstruo me golpea y grita cuando trato de abrir la puerta. Voló hasta el marco y se detuvo encima. Mira fijo con ojos negros más oscuros que la noche.
Debí hacerle caso a mamá cuando me prohibió leer ese libro.
Dijo que, si soy lo suficientemente grande para leerlo y hablar como adultos, puedo dormir solo. Se va a arrepentir cuando amanezca y me encuentre sin ojos en el suelo.
El monstruo continúa mirando desde su trono en la puerta y yo en mi rincón, tirado. Espera a que intente salir para atacarme de nuevo con su infernal tormenta de dolor y plumas.
No lo haré otra vez. Me hice pipi encima y estoy cansado. Si salgo vivo de esta, no volveré a desobedecer a mami.
Igual que dijo el monstruo luego de mi último intento:
Never more.
Autor: Abel Guelmes Roblejo
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