Relato: Traición materna

El suelo a sus espaldas era frío; la sangre salía a borbotones de su estómago.

Con poca disimulada sorpresa, Ares Crónidas, hijo del rey Zeus de Olimpo, contempló a Hera, su madre. Ésta, con la espada sangrante en una de sus manos, lloraba amargamente en silencio. ¿Por qué?, ¿por qué le ha hecho eso? No podía explicárselo, mucho menos preguntárselo.

"Lo siento mucho, hijo mío", dijo Hera. "En verdad lo lamento... Pero tu muerte y la de todos tus hermanos son necesarios en esta guerra. ¿Sabes? Hubiera deseado que solo hubieran muerto todos los bastardos de tu padre, de modo que tú, Hefesto o Atenea pudieran sentarse en el trono una vez que termine esta guerra sin sentido".

Poniéndose de rodillas junto a su hijo moribundo, acarició su rostro y, en medio de las lágrimas, añadió: "Tienes el mismo carácter que tu padre y tu abuelo... Y además has tenido hijos bastardos como él. ¡Pobre Bellona!"

Ares no le dijo nada. Solo se limitaba a contemplar a su madre, a quien adoraba por encima hasta de su propia esposa. Hera añadió: "Kore Perséfone prometió a los Acrysios el trono de Olimpo a cambio de retirarnos de la guerra. Como cabeza de la familia, acepté. Tus tíos y abuelos consintieron también... Pero sabían que tú y tus hermanos no lo permitirían, y amenazarían con decírselo a tu padre. Por lo tanto, he ahí la más difícil decisión de toda madre: arriesgar el futuro de la familia o arriesgar el destino de la Atlántida. Y sabes bien, hijo mío, que los Acrysios anteponemos a la familia por encima de cualquier otra cosa".

Miró de reojo a Ares; éste, con su último aliento, soltó un murmullo: "Yo también soy un Acrysios..."


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Fuente de la imagen: Pexels


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