La locura de tenerte


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En el tierno sabor de la distancia te has mostrado cierta, abierta a los deslices de mi imagen clara; has doblado las esquinas de mi boca y has bajado abierta a los senderos de mi almohada.

Nada espera el perdón de esta arrogancia que desangra los caudales de mi cuerpo menguante, nada es errante sobre tu calle en celo cuando mis dedos se parten con la esquirla de tus dedos y nos asalta la vida para robarnos el miedo de arrojarnos pendencieros al torrente de esta pira que nos bautiza de fuego.

Solo quiero que tu juego me resista, que tus aristas descarnen mis crepúsculos furiosos y nos hagamos dichosos yunta a yunta, que no nos queden preguntas pendientes por decoro ni territorio secano en espera de una mano apasionada y furtiva.

Solo busco las heridas de tu ataque encarnizado, despertar sobre los vados de tu vientre enternecido con tu sabor definido en los pliegues de mi frente y que vuelvas a tenerme incluido en tus pecados sin pasados que pregunten ni presentes que amenacen; que me arrases y me busques cuando me falten los aires y se inunden mis pupilas, cuando quieras que te escriba en los renglones del hambre y me reciba tu abdomen entre lluvioso y ardiente, entre expectante y furioso, entre amado y derrotado.

Vuelvo a ti desde la nada que me acompaña en la herida, vuelvo a tu lengua encendida para llenarme de brasas y dormir en tus cenizas, quiero quedarme en las trizas de tu abrazo lacerante y así, con tu rocío en mi frente, convencerte de que existas y me condenes a verte anudada en la locura de tenerte entre mis prisas.

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