EL SENTIDO DE LA VIDA

EL SENTIDO DE LA VIDA
Si nos preguntamos por el sentido que puede tener la vida, si aspiramos a entender el significado de nuestra presencia en este mundo, en este tiempo y en este espacio, quizá nos enfrentemos a una especie de vacío existencial al no encontrar respuestas que satisfagan plenamente nuestra búsqueda.
Ningún animal aparte del homo sapiens se pregunta por el sentido de su vida, porque ninguno tiene la inteligencia suficiente para auto interpelarse por ello y solamente viven para reproducirse como imperativo de la preservación de la vida a través de sus respectivas especies. De hecho, la presencia de las múltiples especies de vida animal y vegetal en el ecosistema terrestre está justificada solamente por razones biológicas. Pero tampoco nadie necesita mayores explicaciones al respecto.
En el caso del ser humano la situación se complica, pero para resumir podemos llegar a la conclusión que encontramos sentido a nuestra vida solamente si asumimos, si aceptamos, que somos seres trascendentes. Por una parte tenemos trascendencia histórica, porque somos seres conscientes de nuestra temporalidad, y debemos asumir la historia no como un amontonamiento de fechas y nombres de personas y lugares que sólo tiene utilidad como ejercicio memorístico, sino como un hacer, un construir constante de la parte no biológica del ser humano, y que es un proceso direccional, porque la historia no se repite, ya que desde que la evolución parió al homo sapiens la humanidad no ha regresado nunca a la época de las cavernas ni a ninguna otra época pasada. Ha habido accidentes históricos que podrían parecer retrocesos pero, una vez superados, la humanidad ha visto, que con todo y sus bemoles, que sigue avanzando hacia niveles cada vez más avanzados de libertad y tolerancia.
Como seres individuales, conscientes y libérrimos, tenemos también trascendencia escatológica. Cualquiera que sea la idea como concibamos a Dios, y aún cuando no creamos en Él, somos la parte central y más importante de un plan divino, que fabricó para nosotros un universo aterradoramente eterno, infinito y perfecto, e impresionantemente hermoso para que fuera nuestro hogar y diseñó para nosotros una historia, lineal y finita, para que la construyéramos libremente, según nuestro propio albedrío, y además se hizo parte de esa historia, adviniendo en ella como humano, para dignificar y otorgarle trascendencia a su creación predilecta.
Puede haber quien ubique el sentido de su vida en otras metas: en hacer el bien a los demás, en hacer dinero, o fama, o simplemente no le importa vivir como lo hacen los animales, sin preguntarse por le razón de su existencia. Pero seguro que ninguna de esas vías intrascendentes llena ese vacío existencial que satura de ansiedad, de vacuidad, de la nada, la vida del hombre post moderno.
Sólo piénsese por un momento cómo se siente mejor, caro lector, si creyéndose que es el producto evolutivo de un homínido más o menos afortunado, o si es parte primordial del universo y que a pesar de todos los errores que podamos haber cometido en la historia, Dios todavía no ha perdido la confianza en la humanidad, aún nos adora y no ha considerado acabar con el que puede ser el único ser en el infinito que puede dar testimonio de la existencia de Dios.

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