CONCURSO MICRO CUENTOS SATÍRICOS Y HUMORÍSTICOS EN HOMENAJE A ANTONIO ARRÁIZ - BRUNO

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PALABRAS PRELIMINARES

Hola, apreciada comunidad. Espero se encuentren bien y estén pasando un día maravilloso. Me acerco a este espacio para participar en un concurso propuesto por la prestigiosa comunidad @literaros, y moderado por el compañero @theycallmedan, el cual consiste en redactar un cuanto con matices satiricos y cómicos.En principio, quiero destacar que me parece muy pertinente este concuro, ya que promueve la creación y el ejercicio literario. Estoy profundamente agradecido por la oportinidad de participar. Sin más preámbulos, aquí les comparto mi participación.

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BRUNO

- ¡Te voy a matar, cerdo! -le gritaba el viejo borracho a Bruno cada vez que se percataba de que este último existía. Y no es que el perro se portara mal, mordiera la alfombra, o le ladrara a los vecinos, no, por el contrario, Bruno era un perro cariñoso, fiel, dócil y juguetón; es decir, un perro ejemplar.

Tan ejemplar era, que poco le importaba soportar los maltratos del borracho, o los de vieja y sus repentinos escobazos, tampoco al gato obeso y consentido, ni al cerdo y sus incesantes ronquidos, o a los querubines de la casa, hijos de la pareja, que lo usaban cual juguete, como conejillo de indias, y que rara vez lo dejaban dormir.

Pero Bruno era feliz, después de todo, un perro nace para bajar el hocico cuando el amo grita, y para lamer sus mano cuando llora. Además, con ellos tenía todo lo que necesitaba: cobijo, un techo, aunque agujerado, y un plato sucio en el que de vez en cuando le servían las sobras de la cena.

Pero un día, mientras la familia entera andaba de paseo, en una celebración de esas donde la gente enloquece, y lanza a diestra y siniestra extraños aparatos que estallan en luces de colores, Bruno se extravió. Y es que uno de esos artefactos explotó justo a sus pies, y del susto salió disparado. "¡Perro cobarde!", gruñó el viejo al darse cuenta de lo que había pasado. "¡Si lo encuentro le arranco el pescuezo!". Pronto se hizo de noche y Bruno no apareció.

Después de un rato, el perro advirtió su desgracia: se había perdido. Por más que buscó y buscó entre la multitud no encontró al viejo ni a la vieja, ambos se desdibujan en la brisa nocturna, entre el hedor a pólvora y a orine de los callejones. Después de horas vagando, ya casi tieso del frío y con estómago vacío, se recostó a los pies de una puerta y se durmió.

De pronto, del interior de la casa salió un hombre bajito y regordete, de ojos almendrados y aire generoso. Bruno dio un salto y se echó asustado frente a aquel desconocido. - ¡Pero qué tenemos aquí! -dijo el hombre con voz suave y amistosa. - ¿Estás perdido, amiguito? Bruno no entendía muy bien lo que estaba pasando, pero, por alguna extraña razón agitó la cola. ¿Tienes hambre, verdad? ¡Mira lo flaco que estás! - añadió el hombre, y le hizo un gesto al perro, que este entendió como una cordial invitación para entrar a la casa. Ya adentro, el hombre le sirvió un plato humeante y le preparo un lecho con trapos. - ¿Cómo te llamas? -le preguntó al perro mientras descansaba. - ¡Ya se! ¡Te llamaré Alister!

Y así fue que Alister consigo una nueva familia, que además de amorosa, estaba conformada por un caballo de crines impecables, un mono acróbata y un ganso bailarín. Resulta que el hombre trabajaba en el circo de turno, era un payaso, y pronto incluyó al perro en su rutina.

Pasó el tiempo y Alister aprendió a ejecutar la triple voltereta, el giro sobre una sola pata y el baile de las pulgas. ¡Nunca antes Alister se había sentido tan contento y apreciado! ¡Ni en sus más locos sueños había recibido tanta atención! Ya todo estaba listo para el debut, aquella noche el hombre se puso su mejor peluca, el traje nuevo con rombos platinados, y sus guantes blancos de seda; además, se pintó la cara de tal modo con polvos de colores vivos, que al perro le costó reconocerlo.

Alister sentía algo raro en el estómago mientras esperaba tras bambalinas, pero también se sentía preparado, aunque no sabía muy bien para qué. El presentador anuncia el número. Hombre, perro, mono, caballo y ganso salen a escena. Un cenital los deslumbra y les acorta la visión. La música aturde un poco al perro, pero la presencia de su amo lo tranquiliza. Empieza el espectáculo.

Todo iba como debía salir. Habían ensayado durante meses para que las volteretas salieran perfectas, y el fruto del trabajo podía constatarse en la gracilidad de Bruno al interpretar el bale de las pulgas. De pronto, entre los aplausos y la muchedumbre, el perro escucha una voz familiar. Al principio le costó reconocerla, pero pronto se hizo más clara y potente. "¡Maldito cerdo! ¡Eres tú! ¡Eres tú!", Gritaba el viejo borracho desde las butacas.

El perro, súbitamente, recordó a su antiguo amo, a su único amo. Por un momento sus ojos se llenaron de lágrimas y el corazón se le agitó con violencia. Todo vino a su mente: los golpes, los insultos, el maltrato, al migajas en el plato, y se sintió tan dichoso, tan feliz, que, sin más, corrió en dirección hacia aquel viejo raquítico y desdentado que durante años le había dado cobijo.

De vez en cuando Bruno, durante las noches, soñaba con el hombre bajito y regordete, con el caballo de crines impecables, con el mono acróbata, y con al ganso bailarín, y sentía alegría cuando pensaba en el baile de las pulgas y en el giro sobre una sola pata, pero pronto esas imágenes se desdibujados en su memoria.

FIN

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FUENTE

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Espero que mi cuento les hayas gustado. Si tienes alguna opinión o critica que darme, no olvides dejarla en la casilla de comentarios. Para mí serán bien recibidas. Me interesa formas lazos perdurables con ustedes, y para ello, es indispensable el contacto. ¡Nos vemos pronto!

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