Café, escritos y lecturas


Café, escritos y lecturas

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La cita es la última semana de cada mes. Los invitados llevan un libro que hayan leído o estén leyendo. También llevan algo para comer, pero el principal alimento es la palabra hecha vivencia en forma de arte, en música, literatura, filosofía y reflexiones. Para eso nos reunimos en esa semana, para compartir experiencias lectoras, hacer ejercicios de escritura, comentar obras y al final nos llevamos cada uno una nueva experiencia de vida.

     Esto se realiza en la sede del Instituto Areté de Formación en Oratoria (IAFO), en Guanare y lo organiza un psicólogo, un crítico de teatro, un orador y un poeta, pero quienes le dan vida son los asistentes, artistas, amigos y un público selecto que asiste invitado o por iniciativa propia para conversar y amenizar el hecho literario.

     En esta oportunidad hablamos de la Navidad en la literatura y como cada lector le gusta presumir con los autores que leyó, pues no faltó quien hablara de algún cuento o novela de Charles Dickens, Nikolái Gógol, Truman Capote o García Márquez, lo que le dio un toque universal a la conversación y sirvió para aclarar que la literatura como todo discurso serio tiene fondo y forma; la primera entendida como la estructura arquetípica, es decir, en el caso de la narrativa, que vale también para el teatro, el orden de la trama: presentación, nudo y desenlace; también comprende la creación de los personajes, el cronotopo o lugar y tiempo y todos los elementos que concretan la armazón de la obra.

     El fondo, en cambio, es lo que Aristóteles llamaba fábula, es decir, la manera de contar la historia, de narrar los sucesos; responde a cómo el autor va enlazando los hechos, con las formas elocutivas existentes, con su estilo particular; es el pensamiento del escritor propiamente dicho expresado en palabras. De modo que se aclaró que la Navidad, puede ser el tema del escrito, pero también la época en que suceden los acontecimientos.

     Que un grupo de personas, lectores principalmente, se reúnan un viernes por la tarde a discutir este tipo de asuntos es señal de que el mundo tiene salvación. A pesar de las guerras sangrientas del momento; de la lucha de los sistemas antidemocráticos y terroristas contra la democracia; del discurso recalcitrante de las ideologías, del temor ante la inteligencia artificial o el calentamiento global y hasta de las banalidades, mediocres y absurdidades de las principales redes sociales que han convertido al mundo en toda una sociedad del espectáculo, usando el término don Mario Vargas Llosa, a pesar de toda esa saturación que nos llega a través de las tecnologías sacamos tiempo para ir a conversar de literatura.

     Y he allí la relevancia de estos encuentros: la conversación. El tema fue la literatura, la excusa para reunirnos, pero lo verdaderamente trascendental es el ejercicio de comunicación que hacemos, el escucharnos, el mirarnos a los ojos, el sentirnos partes de un mismo engranaje, el engranaje humano, el que nos hace formar parte de una misma especie, de una misma cultura y con pasiones similares.

     No es la literatura en sí la que nos une en estos encuentros, es el deseo de cada uno de ser escuchados y sentidos; el deseo de sentirnos vivos, partes de una manada que comparte gustos afines. Repito, la literatura es la excusa; el café, el aditivo; la escritura, el ejercicio conjunto; y la conversación, lo que nos nutre. ¡Que sigan estos encuentros!





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