Hispaliterario 11: Descubriendo El Reflejo del Amor [ENG/ESP]

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Imagen Creada por/Created Image by Mario Aranda en/in Pixabay.com

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Hispaliterario 11: Descubriendo El Reflejo del Amor

Un hombre irrumpe en la fragilidad de una sencilla choza construida con ramas y hojas, en la serena noche cerca de la costa al oriente de Venezuela. Transcurre el año de 1518 y dentro de esta rústica morada, Nayheli, la hermosa hija del Cacique Kanathoro, líder de la ancestral tribu indígena que ocupa estas tierras, se sobresalta y de inmediato, se pone en guardia.

— ¿Sineta kore? (¿Quién eres?), — exclama Nayheli, empuñando una filosa hacha lista para arrojarla.

— Tranquila, nibora iakalá (hombre bueno) aquí, soy yo, — contesta rápidamente Baudilio, el hombre blanco llegado de las lejanas tierras al otro lado del mar, mientras alza las manos. La espigada indígena lo observa en detalle sin bajar el arma y luego de asegurarse de que efectivamente es el hombre blanco, se arroja de inmediato a sus brazos.

— Me asustas, no esperarte esta noche, — le expresa tomando su rostro en sus manos.

— No hay mucho tiempo, Nayheli, el Capitán Fernández y sus hombres se preparan para atacar a la tribu esta noche. Van a traicionar a tu padre, los convertirán en sus esclavos y quien se resista, morirá, — expresa con cierta congoja Baudilio, mirando fijamente los hermosos ojos de la india, de la cual se ha enamorado perdidamente.

Hispaliterario 11: Discovering The Reflection of Love

A man bursts into the fragility of a simple hut built with branches and leaves, on a serene night near the coast of eastern Venezuela. It is the year 1518 and inside this rustic dwelling, Nayheli, the beautiful daughter of Chief Kanathoro, leader of the ancestral indigenous tribe that occupies these lands, is startled and immediately puts herself on guard.

— Sineta kore (Who are you?)," exclaims Nayheli, wielding a sharp axe ready to throw it.

— Calm down, nibora iakalá (good man) here, it's me," quickly answers Baudilio, the white man arrived from the distant lands on the other side of the sea, while raising his hands. The lanky indigenous woman observes him in detail without lowering her weapon and after making sure that it is indeed the white man, she immediately throws herself into his arms.

— You scare me, not waiting for you tonight," he says, taking her face in his hands.

—- There is not much time, Nayheli, Captain Fernandez, and his men are preparing to attack the tribe tonight. They will betray your father, they will turn them into his slaves and whoever resists, will die, - expresses Baudilio with a certain sadness, staring into the beautiful eyes of the Indian, with whom he has fallen madly in love.

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Tras muchos días de tratar con los indígenas, el Capitán Fernández había puesto en marcha su verdadero plan al llegar a estas nuevas tierras: conquistarlas, esclavizar a los nativos y entregarlo todo a la corona que había financiado su viaje. A cambio, sería puesto al frente de estas nuevas adquisiciones de la corona y tendría todo el poder de decidir sobre quien vive y quien no. Y su intención era clara, adueñarse de las tierras, someter a los indígenas y de ser necesario, eliminar a todo aquel que se opusiera. Baudilio sabe muy bien que Kanathoro no supondrá ningún peligro para los planes de Fernández, ya que el jefe indio confía ciegamente en los conquistadores, a quienes ven como gente amiga y de los cuales han aprendido muchas cosas. Pero también conoce la tétrica reputación de Fernández, quien ya ha ejecutado varias masacres en otras tribus, sembrando el terror y la desolación donde quiera que llega. Por eso, no ha perdido tiempo para poner a salvo a todos los que pueda.

Después de convencer a Nayheli, esta, acompañada de cinco de sus hermanos y otros tres familiares, todos muy jóvenes, siguen a Baudilio y cumplen sus instrucciones. En mitad de la noche, se internaron en la espesa selva con rumbo al sur, buscando alejarse lo más que puedan de los conquistadores. Ya habían avanzado bastante terreno, cuando fueron sorprendidos por los gritos de Gerardo e Inocencio, dos de los más leales hombres de Fernández, quienes les habían seguido la pista.

— ¿A dónde te diriges con estos indios, Baudilio?— le increpa Gerardo, mientras le apunta con su arcabuz. Nayheli se hizo a un lado, quedando al costado de Baudilio, quien mira con atención y cierto desespero a los dos hombres.

— Déjenlos ir, yo me entregaré y asumiré la culpa de que hayan escapado, por favor,— expreso Baudilio, en un vano intento de convencer sus perseguidores.

— ¡Sabes que no puedes dejar ir a la hija del jefe, ese es el mayor trofeo de mi capitán! — exclama Inocencio, quien observa con ojos maliciosos a Nayheli. En su mente, solo pasa el momento de matar a Baudilio y apoderarse de la hermosa india, quien, con sus firmes pechos al aire, es una inmensa tentación. Sin dudarlo más, levanta el arcabuz y dispara, errando el tiro, no así Gerardo, quien al mismo tiempo, usa su arma e impacta en el pecho de Baudilio. Para su mala fortuna, ya Baudilio había arrojado su lanza, la cual se incrusta certeramente en el cuello de Gerardo, quien, regurgitando y sosteniendo la lanza, se arrodilla para ver como la sangre abandona su cuerpo.

Nayheli observa incólume toda la contienda y al momento de ver caer a Baudilio, sintió la necesidad de arrojarse hacia él. Pero su instinto de guerrera, el cual había sido exacerbado por Baudilio durante muchas de sus largas tertulias anteriores, se hace presente. Impávida, observa con ojos de furia a Inocencio, quien sonríe mirando a su contrincante en el suelo. Al percatarse de la mirada de la indígena, nota que empuña un arco y como está, saca una flecha del carcaj que lleva en su espalda. Atemorizado y sabiendo lo letales que son estas flechas, se apresura para colocar una nueva carga en su arcabuz. Nayheli coloca la flecha en el arco y mira a Gerardo, quien, de rodillas, ha entregado su último aliento, con la lanza, sirviendo como apoyo a su cuerpo inerte.

Inocencio se apresura con su arma. Lamenta en este momento haber bebido demasiado alcohol. Después de colocar la pólvora, el proyectil e introducir la baqueta en el cañón del arma, levanta la vista para observar a Nayheli, quien, con su brillante y esbelto cuerpo iluminado por la luna, levanta el arco y le apunta. Solo sintió que la mirada se le perdía y que el mundo giraba sobre él, cuando cayó de espaldas, con la flecha clavada en su ojo izquierdo.

After many days of dealing with the natives, Captain Fernandez had set in motion his real plan upon arriving in these new lands: to conquer them, enslave the natives and hand everything over to the crown that had financed his journey. In return, he would be put in charge of these new crown acquisitions and would have all the power to decide who lives and who does not. And his intention was clear, to take over the land, subjugate the natives and if necessary, eliminate anyone who opposed him. Baudilio knows very well that Kanathoro will not pose any danger to Fernandez's plans, since the Indian chief blindly trusts the conquistadors, whom they see as friendly people and from whom they have learned many things. But he also knows the gloomy reputation of Fernandez, who has already executed several massacres in other tribes, sowing terror and desolation wherever he goes. For this reason, he has wasted no time in getting as many people to safety as he can.

After convincing Nayheli, Nayheli, accompanied by five of her siblings and three other relatives, all very young, followed Baudilio and carried out his instructions. In the middle of the night, they set out into the thick jungle heading south, seeking to get as far away from the conquerors as possible. They had already made considerable progress when they were surprised by the shouts of Gerardo and Inocencio, two of Fernandez's most loyal men, who had been following their trail.

—- Where are you going with these Indians, Baudilio," Gerardo rebuked him while pointing his arquebus at him. Nayheli stepped aside, standing next to Baudilio, who looks at the two men with attention and certain desperation.

—- Let them go, I will turn myself in and take the blame for their escape, please," said Baudilio, in a vain attempt to convince his pursuers.

—- You know you can't let the boss's daughter go, that's my captain's greatest trophy! - exclaims Inocencio, who watches Nayheli with malicious eyes. In his mind, only the moment to kill Baudilio and seize the beautiful Indian, who, with her firm breasts in the air, is an immense temptation. Without hesitation, he raises the arquebus and shoots, missing the shot, but Gerardo misses, who at the same time, uses his weapon and hits Baudilio's chest. To his misfortune, Baudilio had already thrown his spear, which is embedded in the neck of Gerardo, who, regurgitating and holding the spear, kneels down to see how the blood leaves his body.

Nayheli observes the entire contest unscathed, and the moment she sees Baudilio fall, she feels the need to throw herself at him. But her warrior's instinct, which had been exacerbated by Baudilio during many of their previous long gatherings, comes to the fore. Undaunted, she glares with eyes of fury at Inocencio, who smiles, looking down at his opponent on the ground. Noticing the gaze of the indigenous woman, he notices that she is wielding a bow and as he is, he draws an arrow from the quiver on his back. Frightened and knowing how lethal these arrows are, he hurries to place a new load in his arquebus. Nayheli places the arrow in the bow and looks at Gerardo, who, on his knees, has given up his last breath with the spear, serving as a support for his inert body.

Inocencio hurries with his gun. He regrets at this moment having drunk too much alcohol. After placing the powder, the projectile, and inserting the ramrod into the barrel of the gun, he lifts his gaze to observe Nayheli, who with her bright and slender body illuminated by the moon, raises the bow and aims at him. He only felt that his gaze was lost and the world was spinning around him when he fell backward with the arrow stuck in his left eye.

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Fuente/Source: Image de/Image by Holger Detje en/in Pixabay.com

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Han pasado dos días en la selva. Nayheli, con la ayuda de sus hermanos, ha cargado con el malherido Baudilio, quien ya no tiene fuerzas por la cantidad de sangre que ha perdido. Sabiendo que no durara más tiempo, le implora a sus protegidos que se detengan. Después de darles instrucciones para que se alejen lo más posible de la costa y de Fernández, Baudilio decide entregarle un regalo a Nayheli, como recuerdo del inmenso amor que siente por ella. De un pequeño saco que siempre lleva consigo, le entrega a la hermosa india un paquete cuidadosamente envuelto.

— "Tare kitane iji iziko" (Enamorado de ti). Cuando arribe a este lugar, tuve una hermosa vista, como nunca antes había tenido en mi vida, e hizo que terminara enamorado de estas tierras y de ti, — con voz temblorosa y debilitada, le susurra Baudilio a una llorosa Nayheli. — Quería entregarte esto en nuestro nuevo hogar, pero, quiso el destino que mis días terminen aquí y ahora. Por favor, no te detengas y aléjate lo más que puedas. En ese paquete, verás con tus propios ojos, a quien se convirtió en mi conquistadora y la dueña de mis días y mis sueños, hasta hoy.— Después de decir estas palabras, Baudilio expiro y su cuerpo quedo para siempre en lo profundo de la selva, cubierto por el amor, las lágrimas y el dolor de Nayheli.

Algunos días después, en un remoto lugar muy al sur, cerca de la ribera de un río cristalino, rodeado de muchos árboles frutales, alejado de toda civilización y amenaza, Nayheli observa a sus hermanos disfrutar del apacible lugar que han decidido, será su nuevo hogar. Aun con el recuerdo de su salvador en su mente, abre el paquete que este le entrego antes de morir. Al quitar la última pieza de varias telas muy finas y delicadas y, enmarcado en una madera muy pulida y brillante, sus ojos, inundados por las lágrimas, observan, por primera vez, el rostro de la indígena que conquisto el corazón de Baudilio.

—Tare kitane iji iziko.

Two days have passed in the jungle. Nayheli, with the help of his brothers, has carried the badly wounded Baudilio, who has no more strength because of the amount of blood he has lost. Knowing that he will not last any longer, he implores his protégés to stop. After instructing them to get as far away from the coast and Fernandez as possible, Baudilio decides to give Nayheli a gift, as a reminder of the immense love he feels for her. From a small sack that he always carries with him, he gives the beautiful Indian a carefully wrapped package.

—- Tare kitane iji iziko" (In love with you). When I arrived at this place, I had a beautiful view, as I had never had before in my life, and it made me fall in love with this land and with you, - with a trembling and weakened voice, Baudilio whispers to a tearful Nayheli. - I wanted to give this to you in our new home, but, as fate would have it, my days end here and now. Please don't stop and get as far away as you can. In that package, you will see with your own eyes, the woman who became my conqueror and the owner of my days and my dreams, until today" - After saying these words, Baudilio exhaled and his body remained forever in the depths of the jungle, covered by Nayheli's love, tears, and pain.

A few days later, in a remote place far to the south, near the banks of a crystal clear river, surrounded by many fruit trees, far from civilization and threats, Nayheli watches her siblings enjoying the peaceful place they have decided will be their new home. Still, with the memory of her savior in her mind, she opens the package he gave her before he died. Removing the last piece of very fine and delicate fabric framed in a very polished and shiny wood, her eyes, flooded with tears, observe, for the first time, the face of the indigenous woman who conquered Baudilio's heart.

—Tare kitane iji iziko.

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Fuente/Source: Imagen de /Image by Nextpraveen en/in Pixabay.com

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El amor ha existido desde tiempos inmemoriales. Y no encuentro razón para no creer que no haya sido así en los tiempos de la conquista. Puede que haya mucho resquemor y que se prefiera ver a esta época, como la más oscura para los venidos del otro lado del mar y para quienes son los verdaderos propietarios de estas tierras. Por eso, esta historia ficticia, donde el amor se impone como una muestra de unión y lucha, de fuerza y sosiego entre los primeros habitantes de lo que hoy es el nuevo mundo. Las referencias de vocablos indígenas, corresponden al lenguaje de los indígenas waraos, que habitan en la zona del Delta del Orinoco principalmente. Espero sea del agrado de toda la comunidad de @hispaliterario y este 11 Reto Hispaliterario. Invito cordialmente a conocer del reto, a @abeba, @lisfabian y @angelica7.

Love has existed since time immemorial. And I find no reason not to believe that it was not so in the times of the conquest. Maybe there is a lot of resentment and people prefer to see this time as the darkest for those who came from the other side of the sea and for those who are the real owners of these lands. Therefore, this fictitious story, where love is imposed as a sign of union and struggle, of strength and peace among the first inhabitants of what is now the new world. The references to indigenous words correspond to the language of the Waraos Indians, who live mainly in the Orinoco Delta area. I hope the whole community of @hispaliterario and this 11 Reto Hispaliterario will enjoy it. I cordially invite @deraaa, @hopestylist, and @kemmyb to know about the challenge.

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Fuentes de las imagenes utilizadas / Sources of the images used:

Imagen de Brújula por/Compass Image by Mario Aranda en/in Pixabay.com

Imagen de Cascada por/Waterfall Image by Holger Detje en/in Pixabay.com

Imagen de Espejo por/Mirror Image by Nextpraveen en/in Pixabay.com

Edición de Imagen en / Edited Image in Pixlr.com

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