Las herencias del tiempo (Poema)


Fuente

Veo un viejo libro olvidado, lleno de polvo y telarañas y siento que allí hay una historia encerrada, tal vez una vida que quedó encerrada.

Las herencias del tiempo

Qué nos toca,
un tiempo que se hace polvo,
pasa inclemente por nuestra mirada
dónde quizá haya rastros de lágrimas,
noches en vela,
silencios entrecortados,
recuerdos pautados por la lectura de un libro.

Nos habrá golpeado,
nos habrá dejado sin aliento,
a lo mejor un café
sirvió para relajar el momento,
un trago hablado en la barra de un bar,
algunos amigos celebrando con risas,
anécdotas de flores vestidas
por la fragilidad de un pétalo deshidratado.

Quizás mis manos hayan tomado esa flor
para descubrir tu olor,
tus horas de conversación
o borrar ese comentario soez del vestido rojo
ceñido a tu cuerpo
que permitió un baile
con un viento silbando bajito
esa canción que nos hizo más cercanos.

Allí, reflejada en esa telaraña
se oculta la soledad,
con el polvo de los días
los recuerdos envejecen quietos,
en lo inerme de lo soñado.

Espero tus manos para alisar la nostalgia,
o las mías para levantar el libro
y leer aquellos versos
dónde nos descubrimos para mimarnos.

En qué momento perdimos la historia,
los gestos que sirvieron como lenguaje,
el beso multiplicado,
la caricia purificadora o
el silencio musicalizando el éxtasis.

La pregunta es ¿cuándo perdimos el camino?
¿dónde bifurcamos la sonrisa?
¿Qué horas permitieron ignorar tanta historia?
Ahora estoy aquí,
observando el juego del tiempo.

Quizás, si levanté ese libro
pueda leer los versos necesarios
para recrearte,
ya son tantos los días bajo la sombra de la ausencia,
pero aún mis manos tiemblan,
con esa piel pegada a mis recuerdos.

I see an old forgotten book, full of dust and cobwebs, and I feel that there is a story locked up in it, perhaps a life that has been locked up.

The legacies of time

What we are left with,
a time that turns to dust,
passes inclemently through our gaze
where perhaps there are traces of tears,
sleepless nights,
broken silences,
memories marked by the reading of a book.

It will have struck us,
it will have left us breathless,
maybe a coffee
served to relax the moment,
a drink spoke at the bar of a bar,
some friends celebrating with laughter,
anecdotes of flowers dressed
by the fragility of a dehydrated petal.

Perhaps my hands have taken that flower
to discover your scent,
your hours of conversation
or to erase that coarse comment from the red dress
tight to your body
that allowed a dance
with a wind whistling low
that song made us closer.

There, reflected in that spider's web
loneliness hides,
with the dust of the days
memories grow old still,
in the inertness of dreams.

I wait for your hands to smooth the nostalgia,
or mine to lift the book
and read those verses
where we discovered each other to pamper ourselves.

At what moment do we lose the story,
the gestures that served as language,
the multiplied kiss,
the purifying caress or
the silence musicalizing ecstasy.

The question is, when did we lose our way?
Where did we fork the smile?
What hours allowed us to ignore so much history?
Now I am here,
watching the play of time.

Maybe, if I picked up that book
I can read the necessary verses
to recreate you,
so many days already under the shadow of absence,
but still, my hands tremble,
with that skin stuck to my memories.

Translated with www.DeepL.com/Translator (free version)
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