EL BURRO ENVIDIOSO

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EL BURRO ENVIDIOSO

Viendo al pavo tan gordito
el burro a diario decía:
es que a ese pavo maldito,
lo alimentan noche y día.

Durante noviembre entero
nunca dejó su manía,
pues al burro pendenciero
la envidia lo consumía.

Y entonces le dijo el pavo:
deja, burro, la porfía,
porque no te pongas bravo
cambia tu vida en la mía.

A comer tierno maíz
tú te vas al gallinero
y yo como un infeliz
me voy para tu potrero.

Gracias, mi pavito amigo.
Al ocupar tu lugar
estaré en deuda contigo,
pues pronto voy a engordar.

Y despejando sus brumas
y olvidando ya sus quejas
el burro se puso plumas
y el pavo, grandes orejas.

Y en la Navidad, ligero,
estando el burro bien grueso,
entró el hombre al gallinero
y le retorció el pescuezo.

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Dibujo texto de Tomás Jurado Zabala
Gracias por sus amables lecturas

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