Sin retorno (Relato corto)


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Sin retorno


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El hombre era flaco con el rostro curtío y tenía un tabaco en la boca mientras miraba las matas secas y tiesas por el sol. La mujer tenía pegado a su pecho a un recién nacido y cada tanto subía la cabeza con desaliento. En todo lo que iba de año no había llovido y no solo la tierra estaba seca, también ellos parecían un cuero desecado, áspero y enflaquecido. El hombre escupió e inmediatamente el suelo consumió la saliva como una boca sedienta.

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El hombre recordó: “Como pa’ este tiempo, ya había llovido hasta cuatro veces. Habíamos recogido canastas de ocupo y apio, también de maíz. ¿Te acuerdas?” –la mujer asintió y lo miró con los ojos entrecerrados por el sol. El hombre continuó: “Ahora pura maleza es lo que hay. Ni un retoño de nada, mujer. Pura sequedad: nada” –dijo el hombre como con un terror por dentro.

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Las montañas enfebrecidas sobresalían frente a la llanura gigantesca. Los pocos árboles que había estaban desnudos y delgados. Como el fuego, el calor crecía en un vaho que inmovilizaba todo y la tierra cuarteada parecía una costra. “Si tuviéramos las vacas, tendrían pasto de más, pero ni eso tenemos”, afirmó el hombre desconsoladamente y con los brazos caídos.

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De repente la mujer miró al recién nacido pegado a su pecho y le dijo al hombre: “Mis pechos también están secos. Ya no me queda nada”. Entonces el hombre miró el horizonte y alzó la mano: “Me han dicho que detrás de aquellas montañas, todo es diferente. Mañana salimos para allá. En algún lugar debe haber una mínima esperanza no para nosotros sino para ese niño que ya hasta le cuesta abrir los ojos”.


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HASTA UNA PRÓXIMA OPORTUNIDAD, AMIGOS

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