La mudanza (Relato corto)

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La mudanza

Fue en el verano del 80. Desde hacía meses, papá y mamá habían decidido vender nuestra casa, dejar el pueblo y mudarse a la ciudad. Desde que tenía uso de razón vivíamos en aquella casita de barro que mi padres habían hecho con sus propias manos y que solo tenía dos habitaciones y una pequeña salita. El baño y la cocina quedaban afuera, estratégicamente distantes, cerca del corral de animales y de un gran árbol. Cuando me enteré que nos mudaríamos a la ciudad, fui feliz.

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Mis padres, preocupados por mi educación y por mi futuro, tomaron sus pocas cosas y compraron una pequeña casa en un barrio nuevo con aceras y carreteras por todos lados. Con la inocencia de todo niño, más que tristeza veía aquel cambio de espacio con una euforia insultante, sin ver lo que estaba dejando atrás: los lugares conocidos de la niñez.

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Mientras nos instalábamos en nuestra nueva casa, mi júbilo era evidente. Nunca había visto una casita tan bonita, blanquita, perfectamente acomodada. Pero el regocijo me duró poco. Inmediatamente empecé a extrañar los olores, sonidos, colores de nuestra antigua casa. Ya no más animales a los que alimentar, ya no más el olor eterno del rocío, el de la leña quemada, el del verde recién cortado.

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Debido a la inseguridad y los peligros propios de las ciudades, pasaba los días encerrada, con el mínimo contacto con la naturaleza y así crecí. Después de muchos años, no sé por qué, volví a mi antigua casa. Aquel espacio que en mis sueños añoraba, seguía intacto. Al acercarme a la casita vi como era rodeada de animalitos, flores silvestres y el gran árbol. Me dio una contentura enorme y me sonreí: aunque hacía mucho que me había mudado, mi alma seguía allí.

HASTA UNA PRÓXIMA LECTURA, AMIGOS

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