Hispaliterario 11: Los Navegantes (ESP/ENG)

Bajo las cálidas y claras agua del mar que rodea las islas de Coche y Cubagua, hay un tesoro muy ansiado por los hombres venidos de otras tierras.

Cumana y Mares juegan en la arena de color dorado, donde las olas del mar van y vienen. Sus risas se escuchan en las chozas que se esconden entre los cocoteros, donde las mujeres de la tribu cocinan el pescado y elaboran el casabe para alimentar a todos los hombres, mujeres y niños de la comunidad. Mientras... los hombres en sus chinchorros descansan de la jornada de pesca. Son hombres de mar.

Los niños, de piel cobriza brillante y de cabello tan negro como la noche, se quedan parados mirando algo que no alcanzan a comprender.

—¡Mira Cumana! ¿Qué es aquello? —y señala con su brazo al horizonte. —¿Será un animal muy grande?,—pregunta Mares a Cumana

El niño asombrado no sabe qué decir, mientras en su mente se imagina un animal monstruoso que viene a acabar con todos.

—¡Vamos Mares!, hay que avisar a los demás —y mientras lo agarra por la mano, sus pies corren veloces sobre la arena.

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En el barco, los marineros, a la orden de su capitán, se preparan a desembarcar. Ya han visto las maravillas de esta nueva tierra que ellos consideran descubierta y vienen a conquistarla, a buscar sus riquezas. Esperan que no haya mucha resistencia de sus habitantes. Y sienten esa curiosidad natural por saber cómo son. Desde el barco ven la arena dorada de la playa de un azul intenso y una vegetación extraordinaria, fascinante. Se embarcan en los botes y reman sobre el mar tranquilo que no les opone resistencia.

Los hombres de la tribu al grito de los niños corren hacia la playa, armados con sus lanzas. Allí, parados en la arena a orillas del mar que trae a esos hombres extraños, esperan que sean amistosos y no guerreros. El encuentro se da, unos enfrente de los otros. Hombres de piel clara, con barba y con ropa mirando a hombres de piel cobriza y apenas cubiertos. Comienzan a comunicarse a través de señas, pues cada uno habla un lenguaje diferente.

Los años van pasando y Cumana y Mares son unos jóvenes y experimentados pescadores, el mar es su elemento y conocen los mejores lugares donde extraer las perlas que tanto ambicionan los españoles. Pero largas horas bajo el agua van agotando sus fuerzas y la de los otros hombres de su tribu. El mar siempre les dio lo que necesitaban, y las hermosas perlas adornaban sus trajes ceremoniales respetando la naturaleza, solo extraían lo necesario. Pero los de allende los mares solo piensan en la riqueza que pueden obtener y los han convertido en sus esclavos.

Cumana habla con otros jóvenes de la tribu.

—Yo no quiero continuar sacando las perlas del mar, tenemos que hacer algo para evitarlo, no es lo que nuestros ancestros y costumbres nos han enseñado. Estos hombres son peligrosos y no se detendrán.

Pero la mayoría pensaban que era poco lo que podían hacer y los nativos se habían acostumbrado a comerciar con los españoles, sin pensar que tarde o temprano ellos se impondrían.

Hombres de color del ebano encadenados de los pies, llegan en un barco para trabajar en la pesca de perlas. Sus cuerpos son fuertes, pero en su mirada se ve la tristeza y la desesperanza por la pérdida de su libertad, de su familia, de su tierra. Los han desarraigado de su vida en África. Los nativos los ven con curiosidad.

La barca navega mientras las olas golpean con fuerza la madera de la cubierta, el mar está furioso. Los nativos y los hombres traídos de África bajan a las profundidades a buscar las perlas. Todo está revuelto, la arena del fondo no deja ver las ostras. Casi sin aire, con los pulmones a punto de estallar, suben a la superficie para ver un espectáculo que les atemoriza. El cielo se ha tornado gris y la tempestad agita todo a su alrededor, ha partido la nave en mil pedazos.

Mares y Cumana logran asirse de un pedazo de madera y ayudan a los africanos que no están muy acostumbrados al mar, a sobrevivir. Las olas los van llevando mar adentro. Pasan las horas y la tempestad da paso a la calma. Sobre los maderos, sobreviven a la tormenta, ya no son más que hombres, no importa el color de su piel ni su procedencia.

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Al llegar la noche, las estrellas en el firmamento los acompañan, como lo han hecho con otros navegantes, el hombre siempre se ha sentido atraido a buscar más allá del horizonte. Al amanecer ven a lo lejos una tierra verde de altas montañas cubiertas de neblina y nadan hasta llegar a sus playas.

Agotados se duermen sobre la arena y al despertar están rodeados de los nativos de esta tierra, desde donde hace muchos años partieron grupos de hombres a colonizar las islas. Ellos los miran con curiosidad. Le preguntan de donde vienen. Y todos señalan con el brazo hacia el horizonte.

Mares y Cumana ahora comprenden las historias de su pueblo, las que contaban los ancianos. De la existencia de una tierra hermosa y grande de la cual llegaron sus ancestros. Esta es su tierra.

Muchas gracias por leer mi participación en el concurso de Hispaliterario. Acá el link, si se animan a participar. Invito a @maxjulisgf y @emily22.


Under the warm, clear waters of the sea surrounding the islands of Coche and Cubagua, there is a treasure longed for by men from other lands.

Cumana and Mares play in the golden-colored sand, where the waves of the sea come and go. Their laughter is heard in the huts hidden among the coconut trees, where the women of the tribe cook fish and make cassava to feed all the men, women and children of the community.Meanwhile... the men in their hammocks rest from the day's fishing. They are men of the sea.

The children, with shiny copper skin and hair as black as night, stand there staring at something they can't quite understand.

"Look Cumana! What is that?" And he points with his arm to the horizon. "A very big animal?" Asks Mares to Cumana.

The astonished child does not know what to say, while in his mind he imagines a monstrous animal coming to wipe them all out.

"Come on, Mares, we have to warn the others" and while he grabs him by the hand, his feet run fast on the sand.

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On the ship, the sailors, at the order of their captain, prepare to disembark. They have already seen the wonders of this new land they consider discovered and come to conquer it, to seek its riches. They hope that there will not be much resistance from its inhabitants. And they feel that natural curiosity to know what they are like. From the boat they see the golden sand of the beach of an intense blue and an extraordinary, fascinating vegetation. They embark on the boats and row on the calm sea that does not oppose them resistance.

The tribesmen, shouted by the children, run towards the beach, armed with their spears. There, standing on the sand on the shore of the sea that brings those strange men, they hope that they are friendly and not warriors. The encounter takes place, one in front of the other. White men with beards and clothes looking at men with coppery skin and barely covered. They begin to communicate through signs, as each speaks a different language.

The years go by and Cumana and Mares are young and experienced fishermen, the sea is their element, and they know the best places to extract the pearls that the Spaniards are so eager for. But long hours underwater are exhausting their strength and that of the other men of their tribe. The sea always gave them what they needed, and the beautiful pearls adorned their ceremonial costumes respecting nature, they only extracted what was necessary. But those from beyond the seas only think of the wealth they can obtain and have turned them into their slaves.

Cumana talks to other young men of the tribe.

"I do not want to continue extracting pearls from the sea, we have to do something to avoid it, it is not what our ancestors and customs have taught us. These men are dangerous and will not stop"

But most thought there was little they could do, and the natives had become accustomed to trading with the Spaniards, never thinking that sooner or later they would prevail.

Men of ebony color chained by the feet, arrive in a boat to work in the pearl fishery. Their bodies are strong, but their eyes show sadness and despair for the loss of their freedom, their family, their land. They have been uprooted from their life in Africa. The natives look at them with curiosity.

The boat sails while the waves hit the wood of the deck with force, the sea is furious. The natives and the men brought from Africa go down to the depths to look for pearls. Everything is in turmoil, the sand at the bottom does not allow the oysters to be seen. Almost without oxygen, with their lungs about to burst, they rise to the surface to see a spectacle that frightens them. The sky has turned gray, and the storm is shaking everything around them, it has broken the ship into a thousand pieces.

Mares and Cumana manage to grab hold of a piece of wood and help the Africans, who are not very accustomed to the sea, to survive. The waves carry them out to sea. The hours pass and the storm gives way to calm.

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On the wood, they survive the storm, they are no more than men, no matter the color of their skin or their origin. At nightfall, the stars in the firmament accompany them, as they have done with other sailors. At dawn, they see in the distance a green land of high mountains covered with clouds and they swim until they reach its beaches.

Exhausted they fall asleep on the sand and when they wake up they are surrounded by the natives of this land, from where many years ago groups of men left to colonize the islands. They look at them with curiosity. They ask where they come from. And they all point with their arms towards the horizon.

Mares and Cumana now understand the stories of their people, the stories told by the elders, of a beautiful and great land from which their ancestors came. They have returned to it.

Thank you very much for reading my participation in the Hispaliterario contest. Here is the link. I invite @maxjulisgf and @emily22 to participate. link if you want to participate

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