Hispaliterario 11 / La conquista de un nuevo mundo [Esp | Eng]

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El siguiente relato es totalmente de ficción, sus hechos son ideados por el autor y en ningún momento pretenden cambiar la historia.

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Han partido del puerto de Palos, España vía al nuevo mundo. Esta vez son más de 17 embarcaciones y más de 1000 personas a bordo, junto con animales porcinos, vacunos, aves y algunos roedores que se colaron.

Viajaban familias enteras, muchas mujeres y representantes de la iglesia católica. Entre las personas se encontraba Jesús María Charola, uno de los designados por los reyes católicos para tomar posesión de territorios nuevos para ser gobernados en nombre de la corona en el continente recién descubierto. Junto con él viajaban doña María de los Ángeles (su esposa) y su hija María Fernanda.

El viaje fue todo accidentado, tuvieron que hacer parada en las islas que encontraron en el camino por desperfecto en el timón de varias embarcaciones. Luego de ello y a mitad de camino, la mayor parte de los tripulantes y pasajeros comenzaron a presentar fiebre y erupciones en el cuerpo. Entre los enfermos estaban doña María de los Ángeles y su hija, quienes pudieron recuperarse a las dos semanas de haber partido gracias a la dedicación del doctor José Miguel de la Torre, amigo del gobernador Jesús María y admirador de la bella María Fernanda.

Así como unos se recuperaban, otros caían con los mismos síntomas de fiebre alta y las erupciones.

Entre tanto, en el continente, los representantes de la corona proseguían en su labor de evangelizar y agrupar a la población indígena. Muchos de los realistas se excedían y utilizaban la violencia en contra de los indígenas y esto no traía buenos frutos.

Algunos aceptaban sin mayor problema, pero otros eran más rebeldes y huían a la selva, no querían ser sometidos, no querían perder su acostumbrada libertad y deseaban mantener sus ideas y costumbres.

Entre ellos se encontraba un nativo de gran tamaño, de fuerza impresionante y muy solicitado por las indígenas; Yonovoypalla.

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Junto con Yonovoypalla se fueron una gran cantidad de la población indígena para agruparse en lo más interno de la selva, donde los conquistadores no habían llegado. Ese lugar rico en árboles frutales y tierra fértil para sembrar, estaba cerca de un río con abundantes peces; o sea, la naturaleza les proveía de alimentos por cantidades satisfactorias para el grupo de unos 40 indígenas constituidos por niños, mujeres y hombres.

Aun cuando Yonovoypalla era muy querido y muchos le seguían, él no era el líder y le dedicaban respeto al anciano guerrero, un cacique que decidía las acciones a tomar.

Fueron pasando los días, los meses y la comunidad indígena de Yonovoypalla seguía creciendo porque muchos otros indígenas que venían huyendo de los conquistadores, llegaban y se unían creando así una nutrida población.

Por otro lado, los recién llegados de España ya se habían asentado en el nuevo continente y habían asumido sus responsabilidades para así cumplir sus objetivos.

El gobernador Jesús María, en vías de expandir los dominios de la corona, preparó una serie de actividades para lograr con éxito sus planes. Ya estaban por llegar otras embarcaciones provenientes del continente africano y estas venían repletas de esclavos que se ocuparían de los trabajos pesados para la conquista de tierra adentro.

En casa del gobernador, las cosas no estaban muy bien, el doctor José Miguel de la Torre, había pedido autorización para cortejar a María Fernanda y Jesús María, junto con doña María de los Ángeles, habían aceptado con gusto sus pretensiones; esto sin consultar con la joven involucrada.

María Fernanda se negaba rotundamente tener una relación amorosa con un señor que le llevaba 30 años y que de paso, según ella, tenía olor a burro sin bañar.

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Todo esto creaba discusiones entre Jesús y su hija, rompiendo totalmente las relaciones amorosas que habían tenido por siempre. Los llantos de María Fernanda eran constantes e incluso por su mente bailaba mucho la idea del suicidio.

En una de esas peleas, la joven decidió alejarse de casa, huir y corrió lo más lejos con destino a la selva. Su pensamiento era que mejor estaba con los animales salvajes y peligros que con su propia familia; su mamá no la apoyaba, siempre decía que si a todas las decisiones del gobernador.

María Fernanda, no era tonta, no se fue sola, fue acompañada por su fiel sirvienta Bernarda, quien era su confidente que la apoyaba en todo; aunque en este caso no estaba muy de acuerdo con la decisión de huir porque eso le asustaba mucho.

El anochecer se aproximaba y los ruidos de la selva aumentaban, así como la tembladera de Bernarda. María F. estaba asustada, pero no lo demostraba, había tomado una decisión y nada la haría cambiar.

Entre tanto, en el poblado, la preocupación estaba sumergida en la llegada de las embarcaciones con los esclavos y por el aumento de personas enfermas. Si, españoles e indígenas en su gran mayoría estaban presentando altas temperaturas corporales y erupciones muy preocupantes.
El doctor de la Torre y sus colegas, junto con enfermeras, no se daban abasto con tantos pacientes, estaban agotados y muy preocupados. Sabían que esos síntomas los habían visto en la península ibérica y todo indicaba que la viruela también había venido a conquistar el nuevo mundo.

La noche llegó y con ella una fuerte lluvia tropical, María F. y Bernarda no tenían idea de dónde estaban, perdidas, sentían que su futuro era muy incierto. No sabían que camino tomar, no podían devolverse al poblado, el sentido de orientación estaba totalmente ausente.

El llanto no se hizo esperar en las dos mujeres, el miedo las embargaba y la selva junto con la lluvia sonaba espeluznante.

Doña María de los A. se percató de que su hija no estaba, buscó a Bernarda y tampoco aparecía, intuyó que ambas estaban juntas, pero ¿Dónde?

No quería darle la noticia al gobernador Charola, pero pasaban las horas, la lluvia arreciaba y la noche arropaba el cielo; esperar podía ser peor.

Charola cuando se enteró, explotó como un volcán, era el colmo que justo cuando más complicado estaba con los asuntos de la región, se le presentara un problema familiar. Pero no podía hacer mucho, la lluvia era tan intensa que sería imposible localizar a alguien a más de un metro de distancia; decidió esperar que escampara. Además, pensó que una noche de frío, sin el calor y comodidades del hogar, le darían un escarmiento a María F.

La noche junto con la lluvia eran implacables, la noche más oscura y la lluvia más intensa. Eso mantenía en susto intenso a las dos chicas perdidas.

Buscando algún sitio para protegerse de la lluvia, María F. observó lo que parecía ser un espacio techado por ramas y hojas grandes que podía ser perfecto para escampar y esperar a que la lluvia cesara.

Al acercarse para ingresar al espacio observaron en la oscuridad que algo se movió.

-¡Dios santo! Exclamaron las dos.

Era un tigre, un tigre pequeño, como un gato grande, pero un tigre al fin.

Corrieron en dirección opuesta al tigre para salvar la vida, el tigrito corrió asustado por otra vía.

En la carrera las dos mujeres cayeron en un río muy caudaloso y la corriente las arrastró metros abajo hasta que pudieron sujetarse de algo y así salvarse. Bernarda, en la caída, sujetó bien a María F. por el brazo y no la soltó nunca. Esto permitió que las dos chicas nunca se separaran.

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Ahora sí que estaban más pérdidas que nunca, totalmente mojadas, llenas de barro, pero sobre todo, despeinadas. En ese momento no querían ser salvadas, encontradas, porque antes de verse como andrajosas, mejor muertas.

El frío, el hambre, el cansancio y el miedo juntos no son una buena combinación, era la pesadilla mayor para estas dos chicas. Para más desastre, a María F. se le había roto el largo vestido junto con la ropa interior y su trasero estaba expuesto a la naturaleza.

Bernarda quiso romper su vestido para usar parte de la tela para ayudar tapar a su protectora, pero la chica en un arrebato de rabia le dijo que no hiciera nada, que no le importaba estar así.

Se acercaron a una gran roca, tomaron ramas y hojas grandes e improvisaron un techo de manera de que el frío no fuera tan intenso. Frente a ellas colocaron ramas que sirvieran de alarma por si algún animal se acercaba. De algo sirvieron los cuentos del aventurero primo de María F.

El llanto de estas niñas no cesaba como la lluvia, parecía que se iban a secar, lloraban, lloraban y lloraban e incluso en algunos momentos gritaban quejándose por vivir esa desgracia. Todo esto sucedió en toda la madrugada hasta que el sueño las venció.

Ya al final de la madrugada, cuando el sol parecía querer salir, la lluvia cesó y el alboroto de las aves, junto con la demás bulla de la selva hizo despertar a las chicas para darse cuenta de que la pesadilla todavía estaba presente.

Con la luz del sol fue que se dieron cuenta lo realmente feas que andaban y hasta los zapatos los habían perdido.

A María F. se le ocurrió que debían dirigirse rio abajo, tal vez haciendo eso encontrarían ayuda.

El gobernador Charola, logro armar un equipo de búsqueda y a su vez organizó a los esclavos recién llegados y decidió matar dos pájaros de un solo disparo. Abarcaría más territorio y buscaría a su hija.

Un grupo de ibéricos recién llegados también se unió a la expedición y junto con ellos iba el doctor de la Torre; era el otro más interesado en encontrar a la escapada.

Yonovoypalla junto con los otros hombres de la tribu salieron en búsqueda de alimentos, cazar y pescar. Se separaron en tres grupos con una responsabilidad cada uno y ninguno podía volver con las manos vacías. Aun cuando estaban separados en grupos, no se alejaban mucho los unos de los otros por si se presentaba algún peligro o emergencia.

María, Fernanda y Bernarda seguían rumbo río abajo caminando por la orilla. El río estaba a la derecha y la vegetación a la izquierda. El hambre, el cansancio, el miedo, les tenía atormentadas, hubo un momento en que se detuvieron para alimentarse, vieron unas frutas amarillas hermosas que parecían comestibles y justo cuando iban a dar el primer bocado escucharon un ruido entre la maleza.

Pensaban que era un animal. Bernarda intentó acercarse para ver de qué trataba el ruido y en ese momento apareció un venado. Las dos mujeres gritaron de pánico y esto provoco que el animal saliera corriendo selva adentro.

Pero no solo esto asustó a las chicas, detrás del venado venían unos hombres con lanzas, flechas y caras de bravos. Eso termino de detonar los gritos de las chicas, sentían que el corazón se les iba a salir del pecho.

Los hombres no se detuvieron, siguieron persiguiendo al venado.
Las chicas, a ver eso, suspiraron y decidieron caminar vía contraria a los hombres y el venado, pero al dar el primer paso volvieron los gritos, solo que esta vez rompieron a llorar y el impacto emocional fue tan intenso que se desmayaron.

Un hombre de gran tamaño, más grande que los otros y con la cara pintada, se le atravesó y la mirada era como la de un monstruo que se la iba a comer.

Era el segundo grupo comandado por el hermano menor de Yonovoypalla y más atrás venía el tercero en donde se encontraba el hermano mayor.

El líder encomendó al segundo grupo a que llevaran a las mujeres al asentamiento de la tribu, mientras el grupo que él comandaba ayudaban al primero a cazar al venado.

Horas después todos los grupos se reunieron con la tribu y llevaban carne, pescado, muchas frutas y algunos tubérculos.

El anciano cacique fue a la choza en donde estaban las mujeres españolas, allí intento calmarlas, pidió que les dieran alimentos, agua y les habló con serenidad, de manera que esto calmara a las chicas.

La mijitica más salida, María Fernanda, se levantó gritando que era la hija del gobernador, exigiendo respeto y pleitesía.

-Qué niña más desubicada. Eso lo digo yo; el narrador.

El cacique casi no comprendía lo que decía, pero los gestos le hicieron entender que era una chica grosera y malagradecida. Mandó a quitarle el agua y los alimentos y que se quedaran solas en la choza sin poder salir.

El anciano cacique llamó a Yonovoypalla y a otros varones para conversar que hacer con las blancas.

Todos estuvieron de acuerdo que eran unas groseras y que había que castigarlas con el hambre, el frío y el aislamiento.
Le asignaron a Yonovoypalla para que las llevara a una cueva que estaba cerca, ese era el lugar de castigo.

Este sin pensar mucho busco a dos hombres más y se dirigió a la choza donde estaban las chicas y al encontrarse con las mujeres, más bien al ver a María F. a los ojos, pues este musculoso nativo, de carácter fuerte, quedó cautivado y la cara de tonto no se la quitaba nadie. Más aun cuando le vio el culo blanco.

María F. no se quedó atrás, ella quedó con cara de flan y los ojos le brillaban. Bernarda se dio cuenta y le dio un empujón para que se cayera de la luna.

En ese momento los dos despertaron de esa burbuja de admiración y Yonovoypalla le indico a los otros dos que las llevaran a la cueva.

María F. viendo la reacción del hombre, se sacudió, vocifero cualquier cantidad de palabras hasta obscenas, pero eso no cambio la decisión; fueron cambiadas de lugar.

Horas después Yonovoypalla no se pudo contener, quería volver a ver a ese culito blanco.
Perdón, a la carajita blanca y en su pensamiento no podía permitir que pasaran hambre y frío.

Cuando todos dormían, Yonovoypalla les llevo alimentos y abrigo. Como él hablaba español les indicó que si se comportaban bien, al amanecer las llevaría a mejor sitio y después al poblado de los españoles.

Pero María F. era una rebelde sin causa, para todo era un escándalo y Bernarda tuvo que llamarle la atención y hacerla aterrizar para que se diera cuenta de que la única persona que las podía ayudar era ese enorme hombre. María Fernanda se quedó quieta.

Él les dijo que se quedaría con ellas, que dormiría frente a la entrada de la cueva, no para vigilarlas sino para estar pendiente por si se acercaba algún animal.

Pero en ese momento se escuchó un escándalo, algunas detonaciones. Eran los colonizadores comandados por el gobernador Jesús María.

La orden era todos detenidos, sometidos y el que no aceptara, el castigo era la muerte.

María F. gritó para que la fueran a rescatar, Yonovoypalla fue a defender a su tribu, pero el enemigo era numeroso y portaban armas de fuego y contra esta última era imposible luchar.

Todos fueron detenidos, amarrados y llevados al poblado español, su delito era el querer vivir en libertad.

Mari F. fue regañada hasta al cansancio y casi que recibió una paliza, pero el doctor de la Torre abogó por ella. Bernarda fue castigada con prisión y alejada de la niña.

Pasados unos días y cuando todo en la familia Charola se había calmado, María F. se atrevió ir a donde tenían a los detenidos con la excusa de querer ver a Bernarda, pero en realidad quería ver a Yonovoypalla.

Yonovoypalla al verla se le volvió a mover el piso, sufría una transformación pasmosa, dejaba de ser un hombre fuere y se volvía un animalito tierno y dulce.

Pasaron varias lunas y estos dos se fueron enamorando a pesar de que Yonovoypalla seguía detenido.

María F. logró que soltaran a Bernarda y que la colocaran a sus servicios, eso con ayuda de doña María de los Ángeles. Intentó buscar la libertad de Yonovoypalla pero eso no era tan fácil, era acusado de haber provocado la rebelión.

Mientras esto sucedía, el pueblo comenzó a sucumbir por la fiebre, cada uno de los habitantes iban cayendo enfermos, sobre todo la población indígena.

Los médicos no hallaban la forma de solucionar, de curar. Los indígenas no tenían algo que tenían los ibéricos y africanos, sus cuerpos no tenían los anticuerpos para poder soportar el ataque del virus.
La población indígena fue minimizándose de forma alarmante y entre ellos estaba Yonovoypalla.

Eso preocupaba a María F., ella sufría por no saber cómo curarlo, le ofreció todo al doctor para que lo salvara, pero Yonovoypalla se encontraba muy débil y los días de prisión lo habían golpeado mucho por no estar bien alimentado.

El doctor aprovechó todo esto para pedirle a María F. que se casara con él y así se esmeraría por salvar a Yonovoypalla. Ella aceptó, quería el bien del único hombre que la había deslumbrado.

El malvado doctor no tenía la más mínima intención de salvar a Yonovoypalla, solo quería hacer su mujer a la bella joven y en vez de ayudar a curarlo o hacer que mejorara, lo iba envenenando con porciones pequeñas de alguna sustancia siniestra, de manera que el hombre fuera muriendo lentamente.

Pero nadie contaban que Jesús María y el mismo de la Torre, cayeron infectados por otra enfermedad que vino con los africanos y no hubo forma de salvarlos.

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A los pocos días murió Yonovoypalla junto con muchos de su tribu, los virus azotaron al poblado y poblaciones más lejanas.

María Fernanda, su madre y Bernarda, fueron devueltas a la península y más nunca se supo de ellas.

Ese fue uno de los tantos ejemplos de cómo fue conquistado al nuevo mundo; las armas más poderosas fueron los virus.

El universo les bendiga con salud, amor, y prosperidad.

Invito para que participen a las buenas amigas en Hive @evelynchacin y @numa26

Gracias por su visita y por su comentario.

Todas las imágenes fueron creadas por medio de la IA de CANVA

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English

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The following story is entirely fictional, its facts are devised by the author and at no time are intended to change history.

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They have departed from the port of Palos, Spain on their way to the new world. This time there are more than 17 boats and more than 1000 people on board, along with pigs, cattle, poultry and some rodents that sneaked in.

Entire families, many women and representatives of the Catholic Church were traveling. Among the people was Jesús María Charola, one of those appointed by the Catholic kings to take possession of new territories to be governed on behalf of the crown in the newly discovered continent. Along with him traveled Doña María de los Ángeles (his wife) and his daughter María Fernanda.

The trip was quite eventful; they had to stop at the islands they found along the way due to rudder malfunctions in several boats. After that and halfway, most of the crew and passengers began to present fever and rashes in their bodies. Among the sick were Doña María de los Ángeles and her daughter, who were able to recover two weeks after their departure thanks to the dedication of Dr. José Miguel de la Torre, a friend of Governor Jesús María and admirer of the beautiful María Fernanda.

While some recovered, others fell with the same symptoms of high fever and rashes.

Meanwhile, on the continent, the representatives of the crown continued in their work of evangelizing and grouping the indigenous population. Many of the royalists went too far and used violence against the indigenous people, and this did not bear good fruit.

Some accepted without major problem, but others were more rebellious and fled to the jungle, they did not want to be subdued, they did not want to lose their usual freedom and wanted to keep their ideas and customs.

Among them was a native of great size, impressive strength and much sought after by the natives; Yonovoypalla.

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Together with Yonovoypalla, a large number of the indigenous population left to gather in the innermost part of the jungle, where the conquerors had not arrived. That place rich in fruit trees and fertile land for planting, was near a river with abundant fish; that is, nature provided them with food in satisfactory quantities for the group of about 40 Indians consisting of children, women and men.

Although Yonovoypalla was well liked and many followed him, he was not the leader and they paid respect to the old warrior, a chieftain who decided what actions to take.

Days and months went by and the indigenous community of Yonovoypalla continued to grow because many other indigenous people who had fled from the conquistadors arrived and joined the community, creating a large population.

On the other hand, the new arrivals from Spain had already settled in the new continent and had assumed their responsibilities in order to fulfill their objectives.

Governor Jesús María, in order to expand the crown's dominions, prepared a series of activities to successfully achieve his plans. Other ships were about to arrive from the African continent and they were full of slaves who would do the heavy work for the conquest of the inland.

At the governor's house, things were not very good, Dr. José Miguel de la Torre had asked for authorization to court María Fernanda and Jesús María, together with Doña María de los Ángeles, had gladly accepted his pretensions; this without consulting the young lady involved.

María Fernanda flatly refused to have a romantic relationship with a man who had been with her for 30 years and who, according to her, smelled like an unbathed donkey.

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All this created arguments between Jesús and his daughter, totally breaking the loving relationship they had always had. María Fernanda was constantly crying and even the idea of suicide danced in her mind.

In one of those fights, the young girl decided to run away from home and ran as far away as possible to the jungle. Her thought was that she was better off with the wild animals and dangers than with her own family; her mother did not support her, she always said yes to all the governor's decisions.

Maria Fernanda, she was not stupid, she did not go alone, she was accompanied by her faithful servant Bernarda, who was her confidant who supported her in everything; although in this case she did not agree very much with the decision to flee because it scared her a lot.

Dusk was approaching and the noises of the jungle increased, as did Bernarda's trembling. Maria F. was scared, but she did not show it, she had made a decision and nothing would make her change it.

Meanwhile, in the town, the concern was submerged in the arrival of the ships with the slaves and the increase of sick people. Yes, most of the Spaniards and Indians were suffering from high body temperatures and very worrying rashes.
Dr. de la Torre and his colleagues, along with nurses, could not cope with so many patients, they were exhausted and very worried. They knew that these symptoms had been seen in the Iberian Peninsula and everything indicated that smallpox had also come to conquer the new world.

The night came and with it a heavy tropical rain, Maria F. and Bernarda had no idea where they were, lost, they felt that their future was very uncertain. They did not know which way to go, they could not return to the village, their sense of direction was totally absent.

The two women did not wait to cry, fear overwhelmed them and the jungle together with the rain sounded eerie.

Doña María de los A. realized that her daughter was not there, she looked for Bernarda and she was not there either, she thought they were together, but where?

I did not want to give the news to Governor Charola, but the hours passed, the rain increased and the night covered the sky; waiting could have been worse.

When Charola found out, she exploded like a volcano, it was the last straw that just when she was most complicated with the affairs of the region, a family problem was presented to her. But there was not much she could do, the rain was so intense that it would be impossible to locate anyone more than a meter away; she decided to wait for the rain to stop. Besides, he thought that a cold night, without the warmth and comforts of home, would give Maria F. a lesson.

The night along with the rain was relentless, the night darker and the rain heavier. That kept the two lost girls in intense fear.

Looking for a place to shelter from the rain, Maria F. observed what appeared to be a space covered by large branches and leaves that could be perfect for camping and waiting for the rain to stop.

As they approached to enter the space they observed in the darkness that something moved.

-Oh, my goodness! they both exclaimed.

It was a tiger, a small tiger, like a big cat, but a tiger nonetheless.

They ran in the opposite direction to the tiger to save its life, the tiger ran scared in another way.

In the race, the two women fell into a very fast-flowing river and the current dragged them meters downstream until they were able to hold on to something and thus save themselves. Bernarda, in the fall, held Maria F. tightly by the arm and never let go. This meant that the two girls were never separated.

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Now they were more lost than ever, totally wet, full of mud, but above all, disheveled. At that moment they did not want to be saved, found, because before looking like rags, they would rather be dead.

Cold, hunger, tiredness and fear together are not a good combination, it was the biggest nightmare for these two girls. To make matters worse, Maria F.'s long dress had torn along with her underwear and her backside was exposed to nature.

Bernarda wanted to tear her dress to use part of the fabric to help cover her protector, but the girl in a fit of rage told her not to do anything, that she didn't mind being like that.

They approached a large rock, took branches and large leaves and improvised a roof so that the cold would not be so intense. In front of them they placed branches to serve as an alarm in case any animal approached. The stories of Maria F.'s adventurous cousin were of some use.

The crying of these girls did not stop like the rain, it seemed that they were going to dry up, they cried, cried and cried and even at some moments they screamed complaining for living this misfortune. All this happened throughout the early hours of the morning until sleep overcame them.

Late in the morning, when the sun seemed to want to come out, the rain stopped, and the birds' noise, along with the other noise of the jungle, woke the girls up to realize that the nightmare was still present.

It was in the sunlight that they realized how ugly they were and even lost their shoes.

It occurred to Maria F. that they should head downriver, perhaps by doing so they would find help.

Governor Charola was able to assemble a search party and in turn organized the newly arrived slaves and decided to kill two birds with one stone. He would cover more territory and search for his daughter.

A group of recently arrived Iberians also joined the expedition and with them was Dr. de la Torre; he was the other one most interested in finding the escapee.

Yonovoypalla along with the other tribesmen went out in search of food, hunting and fishing. They separated into three groups with one responsibility each and none could return empty-handed. Even when they were separated into groups, they did not stray far from each other in case of danger or emergency.

Maria, Fernanda and Bernarda continued downstream walking along the riverbank. The river was on the right and the vegetation on the left. Hunger, tiredness, fear, had them tormented, there was a moment when they stopped to feed, they saw some beautiful yellow fruits that looked edible and just as they were about to take their first bite they heard a noise in the undergrowth.

They thought it was an animal. Bernarda tried to get closer to see what the noise was about and at that moment a deer appeared. The two women screamed in panic and this caused the animal to run off into the jungle.

But not only this frightened the girls, behind the deer came some men with spears, arrows and brave faces. This ended up detonating the screams of the girls, they felt that their hearts were about to burst out of their chests.

The men did not stop, they continued chasing the deer.
The girls, seeing that, sighed and decided to walk the opposite way to the men and the deer, but when they took the first step the screams came back, only this time they burst into tears and the emotional impact was so intense that they fainted.

A large man, bigger than the others and with a painted face, came across her and the look was like that of a monster that was going to eat her.

It was the second group commanded by Yonovoypalla's younger brother and further back came the third group with the older brother.

The leader instructed the second group to take the women to the tribe's settlement, while the group he commanded helped the first group hunt the deer.

Hours later all the groups met with the tribe and brought meat, fish, many fruits and some tubers.

The old cacique went to the hut where the Spanish women were, there he tried to calm them down, asked for food, water and spoke to them serenely, so that this would calm the girls down.

The most outgoing girl, Maria Fernanda, stood up shouting that she was the governor's daughter, demanding respect and obeisance.

-What a misguided child. That's what I say; the narrator.

The cacique hardly understood what she was saying, but the gestures made him understand that she was a rude and ungrateful girl. He ordered that her water and food be taken away and that they be left alone in the hut without being able to go out.

The old cacique called Yonovoypalla and other men to discuss what to do with the white women.

Everyone agreed that they were rude and had to be punished with hunger, cold and isolation.
Yonovoypalla was assigned to take them to a nearby cave, which was the place of punishment.

Without thinking too much, he looked for two more men and went to the hut where the girls were and when he met the women, or rather when he saw Maria F. in the eyes, this muscular native, with a strong character, was captivated and nobody could take away his silly face. Even more so when he saw her white ass.

Maria F. was not far behind, she was left with a face like a flan and her eyes were shining. Bernarda noticed and gave her a push so that she fell off the moon.

At that moment the two woke up from their bubble of admiration and Yonovoypalla told the other two to take them to the cave.

Maria F., seeing the man's reaction, shook, shouted any number of words, even obscene ones, but that did not change the decision; they were moved.

Hours later Yonovoypalla could not contain himself, he wanted to see that little white ass again.
Sorry, the little white face and in his mind he couldn't let them go hungry and cold.

When everyone was asleep, Yonovoypalla brought them food and shelter. As he spoke Spanish, he told them that if they behaved well, at dawn he would take them to a better place and then to the Spanish village.

But María F. was a rebel without a cause, she was a scandal for everything and Bernarda had to call her attention and make her realize that the only person who could help them was that enormous man. Maria Fernanda stood still.

He told them that he would stay with them, that he would sleep in front of the entrance to the cave, not to watch them but to keep an eye out for any approaching animals.

But at that moment a commotion was heard, some detonations. It was the colonizers commanded by Governor Jesús María.

The order was that everyone was to be detained, subdued and whoever did not accept, the punishment was death.

Maria F. shouted to be rescued, Yonovoypalla went to defend her tribe, but the enemy was numerous and they carried firearms and against the latter it was impossible to fight.

They were all arrested, tied up and taken to the Spanish village, their crime being that they wanted to live in freedom.

Mari F. was scolded to exhaustion and almost beaten, but Dr. de la Torre advocated for her. Bernarda was punished with imprisonment and kept away from the child.

After a few days and when everything in the Charola family had calmed down, Maria F. dared to go to where the detainees were being held with the excuse of wanting to see Bernarda, but in reality she wanted to see Yonovoypalla.

When Yonovoypalla saw her, the floor moved again, he underwent an astonishing transformation, he was no longer a man and became a tender and sweet little animal.

Several moons passed and these two fell in love even though Yonovoypalla was still detained.

María F. managed to have Bernarda released and placed at her service, with the help of Doña María de los Ángeles. He tried to seek Yonovoypalla's freedom but that was not so easy, he was accused of having provoked the rebellion.

While this was happening, the town began to succumb to the fever, each of the inhabitants were falling ill, especially the indigenous population.

Doctors could not find a way to solve, to cure. The indigenous people did not have something that the Iberians and Africans had, their bodies did not have the antibodies to withstand the attack of the virus.
The indigenous population was becoming alarmingly small and among them was Yonovoypalla.

That worried Maria F., she suffered for not knowing how to cure him, she offered everything to the doctor to save him, but Yonovoypalla was very weak and the days in prison had beaten him a lot for not being well fed.

The doctor took advantage of all this to ask Maria F. to marry him so that he would do his best to save Yonovoypalla. She accepted, she wanted the good of the only man who had dazzled her.

The evil doctor did not have the slightest intention of saving Yonovoypalla, he only wanted to make the beautiful young woman his wife and instead of helping to cure him or make him better, he was poisoning him with small portions of some sinister substance, so that the man was dying slowly.

But no one knew that Jesús María and de la Torre himself were infected by another disease that came with the Africans and there was no way to save them.

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A few days later Yonovoypalla died along with many of his tribe, viruses struck the village and more distant populations.

Maria Fernanda, her mother and Bernarda, were returned to the peninsula and were never heard from again.

This was one of the many examples of how the new world was conquered; the most powerful weapons were viruses.

May the universe bless you with health, love, and prosperity.

I invite good friends in Hive @evelynchacin and @numa26 to participate.

Thank you for your visit and for your comment.

All images were created using CANVA AI.

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