🔥 Que el miedo a morir no te paralice 🔥

Vicente tenía miedo. Tenía miedo de morir y no lograr las tantas cosas que quería hacer. En ocasiones sentía que 24 horas no eran suficientes para llevar a cabo su agenda diaria. Lo peor es que no sabía si en algunas de esas escasas 24 horas se interrumpiría su transitar por este mundo y su proyecto de vida quedaría incompleto, a medias, inconcluso.

Trataba de consolarse, si cabe acaso aquí la palabra, con la decisión de no quejarse, con no lamentarse por el poco tiempo que decía tener. Elegía resignarse a que se le “fueran volando las horas”. A menudo le venía a la mente esa frase un tanto cliché, pero que encierra una gran verdad: “vive este día como si fuese el último”.

Así llegaba a la conclusión que no tenía otra opción que vivir intensamente, no desperdiciar su tiempo en trivialidades sin importancia que le quitaban tiempo de valor y de productividad. Reconocía, sin embargo, que esas trivialidades hechas de vez en cuando y en su justa medida, también eran beneficiosas para la salud física, mental y emocional. En lo superficial también se puede vivir intensamente. El punto era que nada le apartase de su meta; no perder su enfoque, pues no sabía cuándo la luz de su existencia se apagaría.


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Y es que había tanto por aprender, tantos lugares y personas por conocer, tanto por hacer: por su casa, por su esposa, por su negocio, su familia, por su país. Al fin de cuentas, por este mundo, tanto el real como el virtual que hoy es tan parte de nuestra vida diaria, ese mundo “online” donde podemos influir en personas y situaciones, aunque estemos a millares de kilómetros. Todo con solo un click. Un “enter”, un “enviar”, un “publicar”, y ya nuestra influencia se hace realidad.

Y Vicente lo entendía. Pero seguía teniendo miedo, un pánico a que su luz se apagara y no pudiera llevar a cabo las tantas cosas que quería hacer. Eran tantos sus planes, tantas tareas; unas sencillas y otras más complejas que decidió convertir ese miedo en combustible para hacer realidad eso que DEBÍA, TENÍA y QUERÍA hacer.

Solo le restaba hacer cada día parte o todas esas cosas, como si no hubiera mañana, como si fuera su último día, pero mezclándolo a la vez con la actitud y la esperanza de que le quedaba aún mucho por vivir.


🔥 DEJEMOS EL MIEDO Y HAGAMOS 🔥


Querido lector, así como Vicente también me tocó entender que nunca es tarde para comenzar, para iniciar, incluso para continuar. ¿Continuar? Sí, proseguir eso que dejamos en pausa, olvidado y descuidado. Retomar un matrimonio que está en ruina sexual o emocional, algún hijo que tenemos cinco años sin saber de él. Esa idea de negocio que engavetamos meses atrás por vergüenza a que se burlaran de nosotros, o ese viaje a visitar a esa persona que conocimos por internet y que preferimos no contactar más porque nos dijeron que era peligroso, cuando lo más peligroso, a mi parecer, es justamente no arriesgarse y vivir vidas paralizados por el temor de hacerlo mal, de fracasar o incluso, de morir.


Una dulce muerte_gsbilbao_viveintensamente.png


Vicente tenía miedo, sí; muchísimo miedo a morir y dejar todo inconcluso. Pero recordaba otra frase que leyó en una de esas páginas genéricas de motivación y desarrollo personal, que expresaba esto: “valentía no es ausencia de miedo, es actuar a pesar del miedo”. Entonces actuaría. Haría. Iniciaría. Continuaría y perdería el miedo con cada intento, con cada acción.

Reflexionaba Vicente, acostado en su cama un domingo de mañana, luego de cepillarse los dientes:

“Puede que me queden aun 50 años más por vivir. Pero ¿y si no? ¿Y si es hoy o en una semana que se acaban mis días y mi luz se apaga? Quiero dejarlo entonces terminado o al menos comenzado; puede que alguien lo continúe y lo termine por mí. Pero yo habré iniciado y habré dejado mi huella positiva en este mundo, en la vida de esas personas que me rodean: esposa, familia, amigos, conocidos y esos que nunca conoceré. Entonces, habrá valido el esfuerzo de arriesgar, de actuar a pesar del temor y de hacer de a poco, enfocado y comprometido con esas tantas cosas que quería hacer”.


Esa reflexión de Vicente es válida para todos nosotros. Todos podemos elegir arriesgarnos a pesar del miedo a morir y decidir hacer todo eso que queremos, tenemos y debemos hacer. Vivir con intensidad cada día, cada hora y cada minuto. Al fin y al cabo, todos moriremos tarde o temprano, preavisados o repentinamente. Que la muerte nos sorprenda, pues, trabajando y viviendo a plenitud.

Gracias por tu lectura atenta. Te leo en los comentarios.

Escribió para ti, Gary Samuel Bilbao.



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