MENTECATO


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     He aquí que don Quijote estaba segurísimo de que las cosas que él hacía no eran por ser un carente de sentido, un insensato ni mucho menos. Y así lo hizo saber con viva y tronante voz: «Don Quijote soy, y mi profesión la de andante caballería. Son mis leyes, el deshacer entuertos, prodigar el bien y evitar el mal. Huyo de la vida regalada, de la ambición y la hipocresía, y busco para mi propia gloria la senda más angosta y difícil. ¿Es eso, de tonto y mentecato

     Esta expresión que, al parecer, en un principio fue usada como un sustantivo para referirse a quien tenía la desgracia de estar privado de razón o ser de escaso entendimiento, con el tiempo se fue usando como un adjetivo para insultar a alguien denominándolo tonto, ignorante, imbécil, necio y otras linduras. Y así es como lo registra el Diccionario de la lengua española, de entrada lo presenta como un adjetivo, aunque agrega que también se usa como sustantivo: Tonto, fatuo, falto de juicio, privado de razón; De escaso juicio o entendimiento.

     Pero... ¿de dónde salió esta palabra?

     Su origen es del latín mentis captus que significa algo así como «sin mente, falto de mente, privado de mente».

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Texto e imagen de Tomás Jurado Zabala
Gracias por sus amables lecturas

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