Concurso de Literatura La Abeja Obrera/Noche de Hadas

Ricardo es un niño curioso y le gusta conocer el por qué de las cosas, él siempre ha sido muy inteligente y a medida que va creciendo su curiosidad ha ido creciendo con él, tanto así que muchas veces pone en aprieto a sus padres al no encontrar las respuestas adecuadas para él.

Ya tiene 8 años, y desde hace más de un año comenzó a mudar sus dientes. Ahora tiene otro incisivo flojo, su madre lo notó durante la cena cuando lo vio tocándoselo, entonces ella le comenta:
_Dentro de poco vendrá nuevamente el hada de los dientes a visitarte.

A lo que el pequeño Ricardo le responde:

_Si, he estado pensando mucho en eso, y tengo curiosidad por saber ¿qué hace el hada con los dientes que recoge?

Julia miró a Rafael, su esposo, con ojos que mostraban asombro por tan inesperada pregunta. A lo que se le ocurrió responderle:

_Pues no lo sé, tal vez usa los dientes para crear polvo de hadas y así poder volar.

Eso no convenció del todo a Ricardo, así que le preguntó a su papá:

_¿Y de dónde saca el dinero que nos deja?

Esta vez fue Rafael quien miró a Julia, y poniendo voz de conocedor de la materia, tratando de disimular la sorpresa de este tema le dijo:

_Con el polvo de hadas también se puede crear dinero.

Ricardo hizo una mueca, en su expresión podía observarse que no quedó del todo convencido, pero no tenía a quien más preguntarle por lo que cambió de tema, aunque en su mente sus preguntas continuaban sin respuestas.

El día llegó, y el diente se le cayó, pero esta vez tenía un plan, estaba dispuesto a investigar, estaba feliz de que era día viernes porque no tendría que levantarse temprano al día siguiente, ni siquiera les dijo a sus padres que el diente se le había caído, pero Julia que es muy observadora se dio cuenta durante la cena, además conocía muy bien al pequeño Ricardo, sabía que tramaba algo, por lo que no le dijo nada al respecto.

Esa noche Ricardo se fue sin pretextos a "dormir" temprano, eso le extrañó a Rafael, quien sonrió al entender lo que pasaba, pero tampoco hizo ningún comentario.

Ricardo había hecho una reserva de caramelos y galletas con el dinero que le habían dado para merendar en el colegio, pretendía comerse algo cada vez que sintiera sueño...

Al cabo de las 10 ya se había comido todo, pero aún seguían sus planes, no quiso acostarse en la cama para que no lo venciera el sueño. Se sentó en la silla de su escritorio, y al rato se quedó dormido y se cayó, Julia y Rafael corrieron a su cuarto al escuchar el ruido, y al ver que estaba bien lo convencieron de acostarse en su cama. De hecho continuaron ahí con la intención de esperar a que se durmiera.

Ricardo al ver que no tenía más opciones se hizo el dormido, pero se quedó dormido, y mientras dormía soñaba con hadas, vio que venía una joven pequeña con alas que brillaban en la oscuridad, era tan pequeña que observó que se le dificultaba tomar el diente, era casi de su tamaño, el hada se fue con el diente pero no le dejó dinero, a lo que pensaba: esa hada me estafó, y decidió seguirla.

Llegó a lo que parecía un bosque con hadas y mariposas que brillaban en la oscuridad, su hada se reunió con otras y siguieron por un camino, Ricardo las seguía sin pensar, vio que llegaron a una casa de cuidados de ancianos, y con los dientes hacían prótesis para aquellos que habían perdido los suyos, eso lo hizo sentir bien, sentía que de alguna forma estaba ayudando a otros y se marchó tranquilo a casa. Luego se despertó con una gran sonrisa en su cara.

Sus padres se habían quedado dormidos en el suelo, sentados junto a la cama, recostados uno del otro, Ricardo los arropó y siguió durmiendo.

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Imagen de Stergo publicada en Pixabay

A la mañana siguiente, Julia le dice en voz baja a Rafael que se le olvidó colocarle dinero debajo de la almohada a Ricardo, que va a aprovechar que el niño aún sigue dormido. No había terminado de decirlo cuando vio que el pequeño se dirigió hacia el baño, ella igual lo hizo y esperaba tener nuevamente la conversación correspondiente, pero no pasó.

Esa tarde salieron de paseo al centro comercial, pero la calle por la que siempre transitaban se encontraba cerrada, Rafael se vio obligado a tomar otra vía. Para sorpresa del niño Ricardo pasaron por frente de la casa de cuidados de ancianos con la que había soñado, esta vez fue él quien permanecía con los ojos abiertos, absolutamente asombrado, incluso le parecía ver a la pequeña hada de sus sueños.

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