Concurso de literatura La Abeja Obrera | La última levantada

"¿Comadre, va a seguir así?", dijo doña Marsela, mientras se sacudía el camisón. Doña Epifania trató de ignorarla. Se acomodó y dándole la espalda se arropó con las hojas polvorientas que alrededor tenía.

"La verdad es que yo no entiendo, cómo hace un ser para estar la eternidad en el catre y no animarse con este frío tan rico, es noche de compartir" vociferaba doña Marsela al tiempo que subía a saludar a los demás.

Fue una velada armoniosa, la rigidez y grisura de la piel, de todos, y los gusanos de algunos, dieron paso al frío, a las risas y a la vida. Hablaron de su existencia, sus amores y sufrimientos, derrotas y grandes triunfos. Bailes, cantos, poemas y mucha música era lo reinante.

Todo fluyó hasta que nombraron a Doña Epifania, la noche se volvió triste, mucho silencio ahogaba la luna. Entendían su actitud y comprendían que no quisiera levantarse. Aureliano trató de quebrar el momento con sus canciones, aunque lo logró el amargo sabor se mantuvo.

Así pasó el tiempo hasta que sonaron las campanas. Uno a uno se fue retirando a su aposento sabiendo que para muchos esta era su última levantada.

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The last one raised

"Comadre, are you going to continue like this?" Said Dona Marsela, as she shook off her nightgown. Dona Epifania tried to ignore her. She settled down and, turning her back to him, wrapped herself in the dusty leaves around her.

"The truth is that I do not understand, how does a being to spend eternity on the cot and not cheer up with this rich cold, it is a night of sharing" shouted Dona Marsela as she went up to greet the others.

It was a harmonious evening, the stiffness and grayness of the skin, of all, and the worms of some, gave way to cold, laughter and life. They spoke of their existence, their loves and sufferings, defeats and great triumphs. Dances, songs, poems and a lot of music was the reign.

Everything flowed until they named Doña Epifania, the night became sad, a lot of silence drowned the moon. They understood her attitude and understood that she didn't want to get up. Aureliano the youngest tried to break the moment with his songs, although he succeeded, the bitter taste remained.

So time passed until the bells rang. One by one he retired to his room knowing that for many this was his last rise.

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