Poema: "Diosa de la muerte"

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Se posa en las habitaciones, aquello parece una diosa
Criatura fascinante, cabello negro y una sonrisa inquietante
Contorneados y grandes ojos penetrantes
Es ella la vida, también la muerte
Su languidez y blanca palidez
Su sensualidad abunda en lo inerte.

Ya psyque no existe y sus tiernas alas son patagios
Ahora no proporciona el último aliento
Lo arrebata sin remordimiento
No le interesa amar, necesita comer y seguir comiendo
Es imposible perdurar con ella, es ella quien perdura en tipejos
No hay quien engañe a lo más glorioso del temor
Sin reservas devora el sentimiento y la emoción
Es la perfecta imagen de la perdición.

La señorita abre sus fauces con bastante delicadeza
Los dientes se asoman y no precisamente en su boca
Es una cavidad que se encuentra justo debajo de sus piernas
Cuando menos lo esperan ya los hombres están en problemas
Al ingerir su alimento lo hace con goce particular
Y su maquillaje se corre entre lágrimas de una mujer satisfecha
Cada bocado de cada hombre la hace eyacular
Sus gritos son lamentos que despertarían a cualquiera.

Entre sus orgasmos se encuentra su energía vital
Está en su naturaleza querer desmembrar
Está sedienta y requiere matar
¿Quién la puede culpar?
Su nombre es Mulier, feroz Mulier…

En una madrugada fría, Mulier se pasea por las calles
No importa el sitio, ella se aloja por doquier
La oscuridad la oculta, su vestimenta negra la camufla
Paciente aguarda a que su víctima se adentre
Pone en mira a su presa, es lo único en lo que se concentra
Como su instinto lo manifiesta, ataca sin decencia.

Las membranas de sus brazos se distienden
Su vestido se desprende y su cuerpo se torna en oscuro verde
Su larga cola áspera cae estruendosamente
Sus ojos se ponen turbios instantáneamente
Saca su lengua bífida y lame a su víctima,lo censa, él tiembla
Su espalda arqueada está repleta de escamas
Sus afiladas garras dañan su ropaje y se degrada.

Mulier abre sus fauces vaginales
El terror brota del rostro del desgraciado
Y en movimiento su vagina se alimenta con lentitud
Extasiada, percibe el líquido fluyendo en su interior
Es un maldito veneno que corroe hasta los huesos
Es expulsado entre un gemido siniestro y un alarido de dolor
En ese momento brotan lágrimas de cuencas inhabitables
Mulier se siente complacida cuando a todos deja sin vida.

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