La pantalla parpadeaba a las 3:33 a. m. Daniel, un ávido usuario de redes sociales web3, revisaba su billetera digital por última vez antes de dormir. De repente, una notificación interrumpió el silencio. Había recibido una transferencia de 0.0001 tokens. El remitente no era una dirección común de números y letras. El explorador de bloques mostraba un nombre: TU_ULTIMO_POST.Intrigado, Daniel hizo clic en la transacción. En el campo de notas cifradas, donde los usuarios suelen dejar mensajes cortos, había un enlace web. Al abrirlo, su navegador lo dirigió a una réplica exacta de su propio perfil de Ecency. Sin embargo, los artículos publicados no eran los suyos. Eran fotografías detalladas de él mismo, tomadas desde el interior de su habitación, durmiendo, cocinando, y una de esa misma noche, mirando fijamente la pantalla del computador.El pánico le heló la sangre. Intentó borrar el perfil falso, pero la tecnología blockchain es inmutable; lo que se escribe en ella no se puede borrar jamás. Un nuevo mensaje apareció en su pantalla, esta vez con una recompensa millonaria adjunta: "Tu vida ha sido tokenizada. Cada voto positivo que reciba este post reducirá tus minutos de vida. La comunidad ya está votando". Daniel miró con horror cómo el contador de votos subía rápidamente, mientras sentía que el aire se le escapaba del pecho
